
Llegó desde Paraguay en 1942, trabajó en las grandes empresas, formó una familia numerosa y hoy es el símbolo vivo de una comunidad que lo homenajea por su legado y por su ejemplo
martes 17 de diciembre de 2024 | 16:40hs.
Alejandro Cabrera, quien cumplió 100 años el pasado 3 de marzo, es un emblema vivo en Puerto Libertad. Como tantos otros, llegó a su nueva patria desde Paraguay, en su caso, desde la antigua población de Caazapá, en busca de empleo y un futuro mejor.
De prodigiosa memoria, “como la gente de antes”, aunque con problemas auditivos y visuales, recuerda una y otra vez la epopeya que vivió para llegar a destino.
“Siempre se venía en grupos para defendernos de los asaltantes, y a pie recorríamos los cientos de kilómetros sin caminos, solo por ‘piques’ en la selva, cruzando ríos y arroyos”, relata.
Tenía 14 años cuando vino por primera vez, en 1938, pero no pudo ingresar a la yerbatera Safac del grupo Bemberg por ser menor de edad.
Regresó a Paraguay y, ya con la mayoría de edad, retornó a la Argentina en 1942. Esta vez logró ingresar a trabajar en la empresa y, años más tarde, pasó a desempeñarse en Celulosa Argentina, en Puerto Piray.
Allí formó una familia junto a Ana Cardozo, con quien tuvo diez hijos.
Jubilado desde hace dos décadas, decidió radicarse definitivamente en Puerto Libertad, donde vive con Enrique, uno de sus hijos, quien lo cuida y lo mima, al igual que todo el pueblo.
En reiteradas conversaciones con El Territorio, Don Alejandro narra con precisión detalles de su vida, como el hecho de que no conoció a sus padres.
“Me crié con los vecinos, que siempre fueron muy buenos conmigo, y desde que vine en 1942 nunca más volví a Caazapá, donde nunca tuve parientes”, afirma.
En este nuevo aniversario de Puerto Libertad, el abuelo del pueblo recibirá un homenaje especial. Debido a su escasa movilidad, el intendente municipal, Fernando Ferreira, se acercará personalmente a su domicilio para entregarle un reconocimiento.
Vaya si se lo merece: Don Alejandro es un verdadero símbolo de la localidad.

