Marcos Miretti, María José Blariza y Joel Chripczuk, investigadores misioneros, lideran RNAgro y avanzan en un producto que controla la población de la chicharrita que afecta a los cítricos
sábado 14 de marzo de 2026 | 6:08hs.
Blariza y Miretti, dos de los tres investigadores del proyecto. Fotos: Julián Grondona
La ciencia no se detiene. Avanza, pese al complejo escenario a nivel país, e incluso asume nuevos desafíos. Un grupo de científicos misioneros, egresados de la Facultad de Ciencias Exactas de la Unam y actualmente parte del Conicet, puso la mirada en una problemática del agro en la región: el Huanglongbing (HLB), una enfermedad devastadora para los cítricos.
Los investigadores, empeñados en hallar la solución al HLB, avanzan en un bioinsecticida para reducir la población del vector (chicharrita) que transmite la bacteria que enferma a la planta. La historia no termina en un estudio, sino que se extiende al mundo de los negocios.
Los resultados de la investigación trascendieron las paredes del laboratorio y se convirtieron en una startup: RNAgro, una empresa de biotech focalizada en primera instancia al control de una plaga de los cítricos. Su objetivo es, a futuro, comercializar el principio activo del bioinsecticida a firmas químicas a gran escala y así llegar a los productores. Marcos Miretti, CEO, y los cofundadores María José Blariza y Joel Chripczuk lideran este proyecto que fusiona ciencia y negocio.

Blariza es especialista en biología molecular, estudia desde hace años insectos y plagas que causan diferentes enfermedades lo cual la llevó a realizar un Doctorado en Ciencias Biológicas en Córdoba. Desde el espacio Giga -de doble dependencia Unam y Conicet-, donde se desarrolla el trabajo explica los primeros pasos que luego desembocaron en una empresa. El inicial fue el diagnóstico: “Nos encontramos con esta problemática cuando el HLB ingresa a la Argentina por la provincia de Misiones. Y a partir de ahí se declara como un área de fitocontingencia sanitaria y todos los problemas que conllevan el movimiento de estas frutas o las plantas incluso de los cítricos. Entonces, era importante poder detectar de manera precoz o rápida, ajustar el mecanismo de diagnóstico para poder ver si la planta tenía la bacteria y como consecuencia poder erradicar o evitar su diseminación, su dispersión”, señala en diálogo con El Territorio.
“Entonces, en base a eso empezamos a poner a punto todo lo que eran métodos de diagnóstico y recibimos muestras de los Inta. Analizamos y ahí sabíamos si la planta tenía o no la enfermedad. Hay que aclarar que no hay cura para esta enfermedad. Lo único que se puede hacer es indicar si tiene o no la bacteria y acto seguido se erradica, se quema esa planta porque no tiene salvación”, sostuvo la doctora.

“Generalmente la enfermedad tarda hasta casi un año en manifestar los síntomas, así que las plantas vecinas, aunque no tengan el síntoma o no den positivo para la enfermedad, es muy probable que ya estén infectadas también. Entonces se toman determinadas medidas”, agregó.
“En el marco de mi investigación posdoctoral sobre HLB, iniciada en 2015, elaboré el proyecto para mi ingreso como investigadora en el Conicet. Ahí se planteó el desarrollo de este biopesticida basado en la tecnología de ARN de interferencia (RNAi). Trabajamos en ello desde entonces, hace casi 10 años”, indica Blariza destacando el esfuerzo de una década junto a su colega Miretti. El equipo se agranda en 2024 con la incorporación de Chripczuk.
Consultada específicamente sobre el biopesticida y sus ventajas frente a los agroquímicos, Blariza responde: “La principal ventaja que tiene es la especificidad. Es decir, que es una tecnología que ataca de manera específica y controla la población de este insecto vector de la plaga del HLB, la chicharrita. Y no genera impacto en el resto de los seres vivos del ecosistema. Por otra parte, el ser RNA es bastante susceptible, por lo cual se degrada en un tiempo y no quedan rastros. Entonces, esto evita la contaminación en los suelos, las plantas. Ya no deja residuos tóxicos en suelo, agua o ambiente. Se degrada. Eso es una gran ventaja”.
Y en ese sentido, insiste: “Esto es sumamente importante para el productor, no solamente para el medio ambiente, sino para el productor porque evita que se destruyen otros insectos que son benéficos que son parte del ecosistema”.
Comercialización
A partir del fondo de Innovación Federal cuya convocatoria a proyectos científicos fue en diciembre de 2024, el tridente Miretti-Blariza-Chripczuk comenzó a darle forma a la idea de conformar una startup. De catorce iniciativas, fueron seleccionadas siete, y de ese total dos resultaron propuestas de Misiones. “Eso nos abrió la idea, entramos al universo de los negocios de la mano de la innovación”, subraya Marcos Miretti, investigador del Conicet, doctor en Ciencias (Universidad de San Paulo, Brasil) y especialista en genómica.
Actualmente, RNAgro, empresa radicada en Misiones con asesoramiento de Silicon se encuentra en la etapa de gestión de la licencia del producto. “Hay provincias por ahí que tienen más aceitado el proceso, nos ofrecían radicar en Córdoba, en Mendoza o incluso propia de Santa Fe. Pero a nosotros nos pareció importante radicar en Misiones. Entonces, ahí entramos en contacto con Silicon para conversar los sistemas, las formas, cómo se realizaba acá. Fuimos averiguando cómo se hace en nuestra provincia, cuáles son las ventajas. Las ventajas son netamente impositivas”, destaca.
“Si bien el producto podrá contar con la licencia en 18 o 24 meses, no vamos a tener una venta antes de los tres o cuatro años. Entonces, pagar impuestos sobre los recursos recibidos si no hay ventas, es letal. De hecho, de cada 10 empresas de base biotecnológica que se generan, ocho no sobreviven al segundo año. Entonces, vamos peleando contra eso y vamos generando nuevas oportunidades y buscando la forma de hacerlo”.
“En esa parte la ayuda del Estado nacional o provincial en este caso es clave porque si hubiera que cumplir el régimen impositivo estrictamente por lo que recibamos de fondos de inversión para poder trabajar, que es pagar sueldos de científicos, o técnicos, comprar equipos o insumos, nadie sobreviría. Los fondos que invierten en startups son capitales de riesgo. Es clave porque no tenemos ninguna venta todavía, nuestro objetivo es comercializar la licencia, la innovación”, detalla Miretti.
“Lo que hicimos fue una solicitud de patente y está aprobada por Conicet porque el origen del trabajo es en Conicet y el dueño de la patente va a ser Conicet; nosotros seríamos los autores intelectuales. Después de una revisión, aproximadamente de un año, hay que demostrar efectos, donde mostrar resultados y cuál sería el beneficio, el impacto y el uso de ese producto, porque patentar un producto sale muy caro”, desliza Miretti y agrega: “Tenemos que demostrar cuál es el mercado potencial. Una vez que la empresa tenga la licencia se puede negociar. Nuestro foco no es generar el bidón o el producto porque no tenemos la infraestructura. Nosotros generamos un producto con un efecto demostrado y queremos vender a las empresas que producen a gran escala”.
El objetivo de RNAgro es comercializar el principio activo a empresas de pesticidas, para que ellas lo vendan a productores. “Nuestros clientes son las firmas y el mercado final, pequeños o grandes productores”.
Trayectorias y oportunidades
“Se realizaron varios proyectos diferentes de investigación. En ese sentido, se comenzó a trabajar en el laboratorio en el Giga del Instituto de Biología Subtropical que es de doble dependencia Unam y Conicet en donde empezó a hacer diagnóstico en una plaga de los cítricos, la plaga que hoy estamos atacando, pero a través de métodos de biología molecular que se implementan en todo el país, incluso María José ha coordinado ensayos a nivel nacional de grupos de diagnóstico de Inta de Paraguay, de Uruguay. En esa época lo importante era hacer el diagnóstico. Su experiencia pudo pasar de hacer un diagnóstico a intervenir y controlar el insecto, que es otra dimensión”, explica el investigador.
“Con esa esas trayectorias diferentes y oportunidades se van generando nuevas dimensiones por la acumulación de experiencias y eso resultó en que María José empezó a trabajar con el control de la población del vector a través de un método, de una tecnología sin usar transgénesis para modular la vida o la reproducción de este insecto”, sostiene Miretti.
“Entonces, es un problema muy puntual. Podemos decir: ‘tengo estas herramientas y puedo contribuir en el mundo’. Esto puntualmente no se está haciendo con esta plaga así, de esta manera. Entonces, uno ve esa oportunidad de aplicar toda la trayectoria a la solución de un problema real y concreto y por supuesto, a la sociedad”, concluye.

