
Apenas arribó andaba con un diccionario para aprender el idioma. Gamael Marc se graduó en economía, debió afrontar decisiones difíciles y hoy quiere dejar un legado a los jóvenes
martes 31 de diciembre de 2024 | 6:05hs.
“Argentina es el mejor país para estudiar economía; nunca te aburrís”, subrayó Gamael. Foto: Natalia Guerrero
El joven, fana del fútbol, desde temprano comenzó a jugar finales que iban a inclinar la balanza para su destino. Desde abandonar Haití para perseguir el sueño de convertirse en profesional universitario, sortear algún golpe duro -de esos que la vida suele poner a prueba- y ya con un bagaje que le otorga mayor equilibrio, tener la serenidad para reflexionar que debe “devolverle algo a la sociedad”.
Gamael Marc pisó la tierra colorada con apenas 18 años. Y desde el vamos comenzó a escribir una historia de matices, como el momento en que se pasó de largo en el colectivo que lo traía a Posadas y esos meses de moverse con un diccionario en mano para entender por dónde venía la mano, hasta este presente, en el cual no sólo es licenciado en Economía egresado de la Universidad Nacional de Misiones (Unam) sino que casi, casi, es un misionero más: suelta el ‘nos cagamos de risa’, ‘mejunje’, como también es afín a los rituales de los sábados a la tarde, el fútbol de la Liga Interprofesional en Posadas.
“Mi idea siempre fue estudiar y ahí empezamos a ver alternativas Canadá, México… Analizamos pro y contras y la primera eran los trámites. Argentina era un poco más accesible porque ya tenía amigos que ya estudiaban en Misiones. La única contra era el idioma”, recordó en el diálogo con El Territorio. “Soy de la última camada en llegar, hicimos los trámites, el permiso de estudio y por cercanía vinimos a Posadas, porque la persona que yo conocía estaba acá”, añadió.
¿Es cierto que te pasaste de largo en el colectivo?
(Risas). Sí, sí, esa fue la anécdota. Fue un viaje muy largo: Haití, República Dominicana, Panamá, hice escala y llegué a Buenos Aires. Pasaron casi 12 horas del vuelo y me dijeron que tenía que tomar un colectivo hasta Posadas de más de 14 horas. Básicamente cuando subí al colectivo me dormí y cuando me desperté no entendía nada. No sabía nada, con lo poco que tenía pregunté, mostré el boleto y estaba en Santa Ana. Me hicieron bajar y que tome el colectivo de vuelta.
¿Hablabas algo de español?
Palabras sueltas. En el colegio en Haití tuvimos algo de español, solamente que no me gustaba. No tuve mucho tiempo para prepararme y aprender el español.
¿Es cierto que andabas con un diccionario por todos lados en los primeros tiempos?
Sí, porque en 2011 no existía el celular con tanta tecnología, parece que hablamos del siglo pasado. Entonces la manera de ir aprendiendo era a través de un diccionario y leyendo también algunas cosas de gramática. Ahí fui elaborando frases… Pero me di cuenta de que para aprender más rápido el idioma tenía que escuchar a las personas, porque había palabras que no estaban en el diccionario y entonces uno tenía que adaptarse con el entorno. Muchas cosas que aprendí fue por sentido común, asocié las palabras con situaciones y en tres o cuatro meses ya podía iniciar una conversación. Tuve suerte que vine antes a aprender el idioma para después empezar la facultad. Y ya en la facultad socialicé con otros chicos del interior y la lluvia de palabras era enorme. Era aprender a garrotazos.
¿Cuál fue la primera impresión de Misiones?
Lo primero que vi fue la tranquilidad. Podía caminar, ir al centro y no pasaba nada… No era una ciudad a mil como Buenos Aires. Y además la gente era más respetuosa y dije ‘bueno, yo me quedo’.
Respecto de Haití, ¿qué similitudes y diferencias encontrás con tu ciudad?
Viajo mucho por la provincia, me invitan. Y veo muchos puntos en común en las chacras, porque en mi barrio está la cultura de cultivar, plantar y cosechar. Cuando iba al interior veo cosas en común de ese lado. Y diferencias, mi ciudad es muy chiquitita… no sé más chica que Candelaria. Veo que Misiones y Posadas están mejor organizados, por ejemplo veo crecimiento, en la diversidad, que por ahí en mi ciudad no había. Y también acá veo que cada tanto tienen una oferta nueva: una carrera, un restaurante como concepto nuevo… cosas que por ejemplo hace diez años no había. Entonces sentís que hay algo nuevo.
Hoy, ¿te planteás como acertada la decisión de venir a Misiones?
Son etapas. Cuando recién llegué y había dificultades en la adaptación te planteás ‘para qué todo ese sacrificio’. Y puede haber arrepentimiento, pero al mismo tiempo cuando uno tiene una idea fija en un objetivo, eso llevó a motivarme mucho… Imaginate con 19 o 20 años estar lejos de la familia. Pero al mismo tiempo, una de las pruebas es que me recibí y como dice el misionero ‘terminé hallándome’ y pienso que fue acertada la decisión de venir a estudiar a Argentina. Porque lo que ofrece el país en educación es amplio y consistente, tengo interacciones con otros profesionales de otras provincias y otro país y siento que tengo el mismo nivel y a veces se sorprenden del nivel que uno tiene siendo estudiante de la Universidad Nacional de Misiones. En los primeros tiempos, soy sincero. Si lo pensaba dos o tres veces me vuelvo, es un sacrificio, mis hermanas son chicas, por ejemplo la menor tenía 2 años cuando me fui y no compartimos muchos momentos.
¿Haití es tal como se ve desde afuera?
En general sí y en particular no. En los últimos años las noticias se hacen peores… pero en los años que estuve allá, las mayores cosas pasaban en la capital. Es como que en Posadas miramos las noticias de Buenos Aires y no toda Argentina es así. Cuando muestran las noticias, el 80% es lo que pasa en capital, un 10% del país. Pero bueno, por eso a veces hay un contraste entre la capital y el interior. En lo económico es complicado, últimamente la naturaleza siempre golpea y lo más resonante a nivel mundo fue el terremoto del 2010. Ese fue un golpe duro y todavía quedan secuelas. Después viene todo el quilombo político, es un mejunje que hace que de afuera se vea así.
¿Por qué Licenciatura en Economía?
Es una buena anécdota. Yo vine con la idea de estudiar Ingeniería Civil y cuando llegué me dijeron que la carrera estaba en Oberá. Ya era otra decisión y entonces irme más lejos me resultaba más complicado y ahí fui viendo otras carreras y me quedé con economía, en aquel entonces era una carrera más desconocida. Éramos diez como máximo. Yo tenía una base Matemática, estadísticas y bueno, me parece que era la carrera.
¿Qué análisis hacés de la economía argentina y sus vaivenes?
Siempre digo que Argentina es el mejor país para estudiar economía porque nunca te aburrís, todos los días pasa algo. Sube esto, sube aquello… me escriben: ‘Gama, qué va a pasar con el dólar, qué va a pasar con eso’. En general, lo que yo veo es que la economía es una ciencia social, no es exacta. Uno que estudia y es economista tiene que analizar el contexto de la sociedad donde está y ahí tomar las decisiones; y es lo que a veces veo que Argentina hace una disyuntiva de negro o blanco. La economía no es Boca-River y eso me parece que genera dificultades a la hora de plantear políticas económicas porque todo es blanco o negro; no hay grises. A veces ves que todo hacen políticas a la derecha y después viene otro y hace todo a la izquierda. No hay un punto medio, debe haber algo que decís ‘entiendo la sociedad donde estoy’. No es que puedo venir y decir ‘desregulo todo’, sabiendo lo que es la sociedad argentina donde está todo desregulado. Pero tampoco podemos decir ‘vamos a regular todo’ porque sabemos también cómo es cuando regulás todo, el otro va a buscar -hecha la ley, hecha la trampa- la forma. Lo que veo de libros de historia económica argentina es de terror (risas), siempre viene la crisis. Creo que los economistas que toman las decisiones no lo hacen entendiendo a la sociedad y lo hacen de forma errónea, que a veces no tiene nada que ver con la economía. Si hay que tomar una decisión no tiene que ver si es de derecha o izquierda, hay que tomarla. Si no eso te entra en una espiral de crisis todo el tiempo.
En este período, ¿sufriste prejuicios por tu color de piel?
Bueno, técnicamente no le doy importancia. No soy muy de quejarme de eso, pero sí algunas acciones puntuales pasaron, inclusive anécdotas con amigos. Pero no le doy importancia. De saber que existe, existe… pero en mi forma de ser de no darle importancia vivo y si sé que en algún lado puede pasar trato de irme, son anécdotas pero me cago de risa.. Esas personas no saben que estamos en 2024, hay distintos grupos étnicos que hacer ciertos comentarios no tiene sentido. Existe, pero por suerte con la mayoría de la gente que me junto me tienen mucho respeto.
Te gusta mucho el fútbol y sos muy analista, ¿cómo analizás esa pasión dentro del juego?
En mi caso, en Haití somos fanáticos del fútbol; con mi viejo, mis tíos. Si bien soy fanático, trato de mirar por entender y no sólo por la pasión. Sabía que Argentina es futbolera, la selección es muy fuerte y en Haití como no tenemos una selección fuerte nos hacemos fanáticos de las selecciones fuertes. Haití está dividida entre el fanático de Argentina y Brasil. Yo siempre miraba desde el análisis, como acá cuando miro el fútbol con los muchachos. Si bien soy simpatizante, soy de River, no me nace la pasión de cargar al otro, chicanear. Yo lo miro desde el punto de vista más analítico, si mi equipo está conectando bien los pases siento que va a ganar, pero antes del partido hablar me parece bastante loco porque cualquier pequeña variable te puede cambiar el partido. Obviamente respeto la pasión pero siempre trato de mirar desde lo analítico, entender los cambios del técnico, esas cosas de mi parte tengo cierto genes de entrenador por ahí, lo miro más por ahí.
¿Tuviste algún golpe duro en la vida? Y si fue así, ¿cómo lo asumiste?
Golpe, sí, fue bastante heavy en su momento y hasta ahora. Fue el fallecimiento de mi madre, yo estaba en tercer año en 2015, era enero y recibí una llamada de que mi madre se descompensó y no se pudo hacer nada. Fue bastante, como te decía, con toda la carga y otra vez cuestionando, por qué uno estaba acá, hacía todo ese sacrificio y además fue difícil de superar. Tuve que viajar porque en aquel entonces mi padre ya no estaba y mis hermanas estaban solas y como era el mayor tenía que volver. Pasó enero, febrero y marzo y tenía que empezar a cursar y fue una de las decisiones más difíciles de tomar: entre me quedo a cuidar a mis hermanitas o vuelvo a Argentina a seguir luchando por el título. Era una decisión bastante difícil y la noche anterior al vuelo tuve que decidir y hablé con ellas, que realmente lo que ya había cursado valía la pena seguir intentando hasta recibirme, porque iba a ser lo mejor. Como la única familia cercana fue difícil, complicada… En marzo tuve que retomar los estudios, estar pendiente, hablar con ellas todos los días, superar, eso fue duro. Pero gracias a Dios, iniciamos los trámites para que estén con mi padre y al año ya estaban en Estados Unidos y yo más relajado. Uno que estudia con tanto quilombo en la cabeza, no te quedás tranquilo, la concentración va por otro lado. Eso me impactó bastante.
Y ahí, ¿uno sana o aprende a convivir con el dolor?
Creo que la segunda opción. Es aprender a convivir porque sanar es muy difícil. Yo dejé mi casa a los 18 años, ya no tuviste más la posibilidad de volver a verla es como que nunca se supera. Uno aprende, la vida es así, pasan las cosas y uno debe seguir. Hay una frase que resume ‘aceptar lo que Dios quiere es la única ciencia que te dejará en paz’. Bueno, Dios quería y bueno, nosotros tratamos de seguir adelante.
¿A quién admirás o de qué te nutrís por fuera del trabajo?
Algunos ejemplos de vida, me gusta leer la lucha y vida y superaciones de figuras reconocidas. Por ejemplo, Nelson Mandela, una persona que tuvo su lucha y en su momento me interesaba mucho su historia de vida. O Martin Luther King en Estados Unidos, luchas o que ellos escriben frases para el día a día. Esos dos o tres tengo de referencia pero últimamente no dedico tanto, más autores científicos (de economía).
¿Qué te dio Misiones?
Todo, todo. O sea, era un sueño de chiquito, personal y de mi familia, que pueda estudiar y recibirme de profesional en una universidad. Lo llevamos más alto al ser una universidad internacional, o sea de chico pensaba ‘estudio y me recibo’. Argentina me dio la posibilidad de estudiar, de manera técnicamente gratuita y además Misiones me recibió y supe hallarme con la gente, con todos, en la facultad, etcétera. Siento que me ayudaron en todo a cumplir un sueño tanto personal como de mi familia. Siempre voy a estar agradecido y siento que hay que devolverle a la sociedad argentina parte de todo eso, estoy día a día trabajando, aportando. Con casi seis años de recibido trabajé en el ámbito educativo y profesional, siempre agradecido y reconocer la oportunidad que me dieron. Por eso, a otros estudiantes alentando a que se reciban y puedan devolverle a la sociedad.
¿Con qué sos feliz?
Con el fútbol, bastante. También con la música (mucho rock nacional). Y haciendo lo que me gusta, el trabajo. Y también compartir con mis amigos, que son básicamente mi familia. Todos los días nos escribimos, contamos anécdotas. A veces contamos diez veces la misma anécdota y nos cagamos de risa. Eso es lo lindo, el pilar fundamental del crecimiento acá, un grupo de amigos sólido.
Sos meticuloso con tu tarea, ¿si fueras jugador de River quién serías?
Admiro mucho a Enzo Pérez en su momento, en su pasado en River. Por la posición que juega, que trabaja mucho, se sacrifica por el equipo, corre, recupera. Para mí, en números casi siempre tenía alto rendimiento. Sería el Enzo Pérez de los datos (risas).
Perfil
Gamael Marc (32)
Licenciado en Economía
Nació en Puerto Príncipe, pero se crió en Duvalierville -hoy Cabaret- (Haití). En 2011 se radicó en Posadas y en 2019 se recibió de licenciado en Economía egresado de la Unam. Fue docente de la Universidad del Alto Uruguay y actualmente da clases en las facultades de Humanidades y Ciencias Económicas (Unam).
También trabaja en la ganadera El Porvenir y en la Oficina de Gestión de Datos de la Municipalidad de Posadas.

