Con apenas 20 años, la nadadora regresó al agua, ganó los 10K del Desafío Misiones, fue segunda en la general y días después debutó en triatlón con podio. Una historia de regreso, resiliencia y ambición que ya apunta a desafíos mayores.
miércoles 25 de marzo de 2026 | 4:00hs.
Milena combina la potencia de su pasado como velocista con la resistencia necesaria para soñar con la mítica Santa Fe-Coronda. Fotos: Jorge Acosta
Pactamos una hora para encontrarnos en la pileta del Centro Acuático San Isidro (Casi) y ella estaba ahí, puntual, esperando con una sonrisa amplia, de esas que contagian y marcan el ritmo de la charla incluso antes de empezar. Lo que vino después confirmó esa primera impresión: Milena Toledo es un terremoto.
Venía de ganar la 2ª edición del “Desafío Misiones” de los 10 kilómetros de natación en aguas abiertas -que unió El Brete con Costa Sur- y su nombre ya había quedado inscripto entre las campeonas. Pero ese triunfo, por sí solo, no alcanzaba para explicar lo que había hecho.
Mile no solo se había quedado con el primer puesto entre las mujeres el pasado 7 de marzo, a pura potencia en el Paraná, sino que había logrado algo poco común: terminó segunda en la general, apenas detrás del vencedor absoluto, Máximo Yesa, y dejando por escasos segundos atrás al segundo hombre, Rafael Noguera, ganador de la edición anterior.
Un dato que hablaba por sí solo de lo que era capaz esta guerrera. Y como si fuera poco, unos días después, el 15 de marzo, se reinventó por completo: de cero y en tiempo récord, se puso el traje de triatleta y se metió en una competencia del circuito nacional en El Brete, donde se quedó con el tercer puesto del podio femenino, enfrentándose a oponentes con años de experiencia.
No era una historia más. Era la de alguien que supo escuchar su cuerpo, que volvió a nadar cuando ya había dejado el deporte y que hoy, con 20 años recién cumplidos, se anima a soñar con el Santa Fe-Coronda.

Milena se consagró en los 10K y fue segunda en la general, mientras Máximo Yesa se quedó con la victoria, en una jornada inolvidable.
Cuando el destino empujó: una abuela, el asma y un salto al agua
Milena no había elegido la natación. En realidad, la natación la había elegido a ella, como si el agua la hubiera estado esperando desde siempre. “Empecé a los cuatro años por problemas de asma. Mi abuela dijo: ‘¿por qué no probamos con natación?’ y así arranqué en Costa Delfín”, recordó.
Pero hubo un momento que cambió todo. “En una competencia en el Capri yo no quería nadar, tenía miedo. Y mi profe, Fernando Pérez, me alzó y me llevó hasta la pile. Si no me metía, el Colo no me veía”, relató.
Ese instante, que parecía mínimo, terminó siendo decisivo. “Se tenía que dar”, resumió. Porque Gustavo “Colo” Breitenbruch la vio, detectó algo distinto y la sumó al pre-equipo del Capri. Ahí empezó una historia que no pararía de crecer.

De promesa a pausa obligada: el golpe que frenó todo
El crecimiento fue tan rápido como natural. “Tenía siete u ocho años y ya estaba en el equipo. Fue todo muy rápido”, contó. Vinieron los entrenamientos intensos, los viajes y las competencias a nivel nacional. Su mejor versión apareció en 2019, cuando con apenas 13 años brilló en los Juegos Evita.
“Saqué primer puesto en 100 mariposa, segundo en 50 espalda y tercero en 50 mariposa. Ese era mi momento, estaba a full”, señaló.

En el Centro Acuático San Isidro (Casi), el lugar donde gestó su regreso a las piletas y hoy entrena con la mirada puesta en los grandes desafíos de fondo que se vienen para este 2026.
Pero el deporte también tiene sus frenos. La pandemia irrumpió y cambió todo. “No tenía pileta para entrenar, mientras otras chicas sí. Me fui quedando atrás… y nunca volví a tener ese nivel”, admitió.
Después vino otra decisión fuerte: dejar. Se inscribió en la Licenciatura en Genética y cursó dos años, pero el agua quedó en pausa, aunque nunca en el olvido. “Después también dejé esa carrera porque mo me veía trabajando de eso”, explicó sobre su alejamiento de las aulas para volver a su esencia.
El regreso que nació de una pregunta incómoda
A fines de 2025 volvió a nadar. Sin grandes anuncios, casi en silencio, pero con una certeza que empezó a crecer por dentro.“Volví en octubre acá en el Casi y me di cuenta de algo: ‘¿cómo voy a dejar esto?’”, contó.

Milena construye la base de resistencia y técnica que luego traslada a las aguas abiertas.
Esa pregunta fue el punto de inflexión. Decidió cambiar de carrera y empezar el profesorado de Educación Física, buscando un equilibrio entre estudio y deporte. “No solo quería volver, quería hacerlo bien”, afirmó. Y en ese camino apareció una nueva oportunidad.
El río como descubrimiento: nadar con horizonte
La propuesta fue simple, pero transformadora. “Me tiraron la idea de aguas abiertas y dije: ‘voy a hacer algo divertido’”, relató. Lo que encontró fue mucho más que eso. “En la pileta tenés la pared. En el río tenés el horizonte. Es otra cosa completamente distinta”, explicó.
Empezó a entrenar en el Paraná, a sumar kilómetros, a adaptarse a un entorno mucho más exigente. También a rodearse de gente nueva. “Me hice más amiga de Rafa, salíamos a entrenar, conocí mucha gente del ambiente. Y me empezó a ir bien”, dijo.
Ese crecimiento progresivo la llevó, casi sin darse cuenta, a su mayor desafío.

Milena suma experiencia en aguas abiertas. “Cuando vi los tiempos pensé: ‘le gané a Rafa’. Ahí entendí que estoy bien y que puedo mejorar”, resumió sobre su victoria en los 10k.
El día que todo cambió: 10K, un mano a mano y la historia
Cuando surgió la posibilidad de nadar 10 kilómetros, dudó. “Al principio dije: ‘no sé si nadar tanto’”, reconoció. Pero el empujón de su entorno fue clave. “Me dijeron: metete, total, ¿qué perdés? Es una experiencia”, recordó.
La carrera fue intensa de principio a fin. “En todo el recorrido fui con Rafa (Noguera). Íbamos juntos”, contó. Hasta que llegó el momento decisivo. “En el final dije: ‘acá apretás o te gana’. Y apreté”, señaló con humor.
El cierre fue a puro corazón. “Sentía que me sobraba un poco más. Hice el sprint final y cuando vi que llegué segunda fue una emoción enorme”, señaló. El resultado fue histórico. No solo ganó entre las mujeres, sino que superó a referentes masculinos. “Cuando vi los tiempos dije: ‘le gané a Rafa’. Y él había ganado el año pasado. Ahí entendí que estoy bien, que puedo mejorar”, sostuvo.
Pero hubo una frase que la definió mejor que cualquier resultado: “Me quedó la sensación de que podía seguir nadando más”.
Triatlón: el salto al vacío que terminó en podio
Lejos de conformarse, Milena decidió ir por otro desafío: el triatlón. “Fue algo totalmente nuevo. Yo no corría y la bici la usaba solo para moverme”, explicó.
Entrenó apenas un mes y sin equipo propio. “Todo prestado: bici, casco, traje. Pero eso también es un objetivo, poder tener lo mío”, dijo. La carrera fue tan exigente como reveladora. “En el agua salí primera. Después me subí a la bici y me pasaban todos. Y corriendo también”, recordó entre risas. Pero no se frustró. Todo lo contrario. “Eso me motivó. El agua ya la tengo. Mejorás lo otro y listo”, analizó.

Con equipo prestado pero con un corazón gigante, la pòsadeña se animó al triatlón y se quedó con el tercer puesto femenino, confirmando que su base de nadadora es el trampolín perfecto para conquistar nuevas disciplinas.
Cuando cruzó la meta, no esperaba más que haber terminado. “Pregunté el tiempo y me dijeron que había quedado tercera. No lo podía creer”, confesó. Ese podio fue una confirmación. Una señal de que había mucho más por delante.
Los pilares: entrenadores, compañeros y familia
Nada de esto fue en soledad. Milena lo dejó claro. “El Colo me vio nadar otra vez y ahora queremos preparar el Santa Fe-Coronda. Son 56 kilómetros, casi 10 horas nadando. Mi objetivo es terminarla”, contó.
También destacó al gran triatleta y nadador Rafa Noguera. “Entrenamos juntos, me motivó muchísimo. En los 10K fue un mano a mano con él”, señaló. Y a su entrenador actual. “Gabriel Rodríguez nos entrena a fondo para aguas abiertas y triatlón. Es clave”, afirmó.
Pero el sostén más fuerte estuvo en su casa. “Mi familia es mi principal soporte. Siempre están, me acompañan, me preguntan cómo estoy”, expresó. Y hubo una escena que resumió todo. “En los 10 kilómetros salí del agua y lo primero que hice fue abrazarlos”.
De velocista a fondista: el cambio que también fue interno
Milena no siempre había sido fondista. Antes era velocista. “Competía en 50 y 100 metros. Odiaba los metros largos”, admitió. El río cambió todo. “Me metí y dije: ‘esto está bueno’. Es distinto, es otra sensación”, explicó.
Hoy entrena fondo, piensa en distancias largas y entiende que el proceso es tan importante como el resultado. “La constancia es todo”, resumió.
Lo que viene: soñar sin límites
A los 20 años, con una nueva carrera en marcha y el deporte nuevamente en el centro de su vida, Milena mira hacia adelante. “Quiero seguir con el triatlón, mejorar mis tiempos y competir a nivel nacional”, aseguró.

A sus 20 años, «Mile» combina la exigencia del profesorado de Educación Física con una disciplina deportiva que no conoce límites. «Me di cuenta que esto era lo que me gustaba y no pude dejarlo.» afirmó con convicción.
También aparece el gran objetivo. “Preparar el Santa Fe-Coronda. Terminarlo ya sería un logro enorme”, afirmó. Y en cada palabra hubo algo que se repitió: ganas.
“Siempre fui competitiva, desde chiquita”, dijo con una sonrisa que no se apagaba. Una sonrisa que, como su historia, todavía tiene mucho por contar.

