
Investigadores de la Universidad Austral y Conicet llevan adelante un trabajo para conocer el porcentaje de la población argentina que sufre de dolor y entender sus consecuencias
miércoles 07 de enero de 2026 | 6:05hs.
En los últimos 70 años, apenas 3 o 4 fármacos se diseñaron para tratar el dolor.
Para dar respuestas hay que encontrar la raíz del problema o, al menos, acercarse lo más posible. Con esa premisa, expertos encaran una investigación para avanzar en las causas del dolor crónico. En este estudio intervienen investigadores de las siguientes instituciones: Facultad de Ciencias Biomédicas y Hospital Universitario Austral de la Universidad Austral, Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Iimt), Universidad Nacional de Cuyo y el Ihem; Conicet y la Asociación Argentina para el estudio del dolor (Aaed).
La encuesta nacional tiene previsto su lanzamiento en abril de este año, siendo El Territorio uno de los medios de difusión del formulario que entre sus características está el anonimato de los participantes.
El trabajo es llevado adelante por Eduardo Marchevsky, especialista en dolor y Secretario Académico en la Asociación Argentina para el Estudio del Dolor; Cristian Acosta, investigador independiente del Conicet, experto en dolor; y Marcelo Villar y Pablo Brumovsky, que son investigadores del Conicet (superior e independiente), dirigen el equipo de dolor de la Universidad Austral, y son el director y codirector de la tesis del médico, Carlos Cavazolli.
Cavazolli y el comité de expertos señalaron en diálogo con este medio que el objetivo del estudio, en el que trabajan desde hace un año y medio, es conocer el porcentaje de la población argentina que sufre de dolor, ya sea agudo o crónico, y de este último, entender sus consecuencias en la calidad de vida. “En otros países, el dolor crónico afecta entre el 20% y el 30% de los adultos. En Estados Unidos, uno de cada cinco adultos sufre dolor crónico. Esto tiene consecuencias físicas, psíquicas, familiares, sociales, laborales y económicas. Hacernos cargo de cómo afecta el dolor crónico a la vida de cada individuo es esencial para poder aliviarlo y acompañar mejor a las personas que lo sufren. Muchos recordarán las gráficas palabras que decía el ídolo futbolístico Gabriel Batistuta, el dolor ‘era insoportable de verdad, hasta tal punto que le pedí a un doctor que por favor me cortara las piernas, porque no podía caminar’”.
¿Por qué es importante contar con una muestra de todo el país y cómo se va a llevar a cabo la encuesta?
Nuestro objetivo es caracterizar el panorama argentino sobre dolor crónico para determinar el tipo de impacto que tiene en la calidad de vida de la población argentina. Esta información es esencial para elaborar programas de salud pública y de asistencia primaria, y mejorar la formación médica de grado y de especialización. La encuesta, en formato digital, ha sido diseñada tomando como base otras encuestas realizadas en diversos países, y consultando con expertos internacionales y nacionales. Se podrá acceder a la encuesta a través de un link y de un código QR. La participación es abierta a todas las personas, tengan o no dolor, porque cada respuesta ayuda a construir una imagen más completa de cómo vivimos y cómo sentimos el dolor en nuestro país. Gracias a la difusión de medios de comunicación como El Territorio, pensamos llegar a un número significativo de argentinos.
“La encuesta está en una plataforma que se llama QuestionPro que, además de facilitar las respuestas, da la posibilidad de hacer diversos análisis. En concreto, permitirá medir el impacto que tiene el dolor en la calidad de vida de las personas, valorar las estrategias de tratamiento más frecuentemente, tipo de profesional de salud consultado habitualmente y una serie de datos demográficos que permitan cruzar la información médica obtenida con condiciones sociodemográficas. Cualquier otro tipo de análisis, será suplementado con metodología estadística estándar para este tipo de estudios”, detalló el especialista al tiempo que agregó: “La encuesta es totalmente anónima. Tampoco se puede saber de quién son las respuestas. Con la colaboración de los medios y de las personas, este tipo de encuestas ayudan a mejorar la calidad de vida de los argentinos.
Consultado respecto al fundamento del interés de investigar sobre el dolor crónico, Cavazolli respondió: “Ya hoy existe un porcentaje significativo de la población que sufre dolor crónico -en torno al 30%-; este es probable que aumente con el tiempo por el envejecimiento de la sociedad. Lo relevante del problema es que este tipo de dolor impacta gravemente la vida cotidiana de las personas, y por orden transitivo, de la sociedad y la economía del país (a mayor prevalencia de dolor crónico, mayor gasto para los sistemas de salud y mayor tasa de ausentismo laboral; ergo, mayores pérdidas económicas). Todo este escenario, que emerge como preocupante al mismo tiempo que claro en el resto del Mundo, por el creciente número de análisis epidemiológicos, es prácticamente desconocido en Argentina. De allí nuestro interés de abordarlo, contar con datos, y contribuir a una mayor concientización social y de ser posible, también, de los sistemas de salud y regulación”.
En nombre del equipo de investigadores, Cavazzolli dio detalles del interés en el abordaje del tema, cómo se procesarán los datos y cuál es la población más expuesta.
¿Estamos hablando de dolor crónico, puntualmente, físico?
El dolor, según la clasificación internacional de enfermedades, es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a daño real o potencial. Cuando ese dolor se vuelve persistente o se repite por más de tres meses, se le da la categoría de dolor crónico. Este dolor, que sin lugar a dudas tiene orígenes físicos, impacta con el tiempo, en el plano psíquico. No es infrecuente que el dolor crónico y la depresión o la ansiedad coexistan, en un círculo vicioso al que es muy difícil escapar. Según la clasificación antes mencionada, hay siete subgrupos de dolor crónico: dolor crónico primario (no se ha encontrado una causa concreta, por ejemplo el colon irritable), asociado al cáncer, posquirúrgico o postraumático, neuropático (por lesión del sistema nervioso y nervios), cefalea, visceral y musculoesquelético.
¿Hay antecedentes de este tipo de investigación?
Los mecanismos del dolor, el dolor crónico y las estrategias para intentar resolverlo hace más de 70 años que son estudiados formalmente por investigadores y médicos especialistas en dolor. Por otra parte, los estudios epidemiológicos como los que pretendemos encarar con nuestra propuesta hace décadas que son diseñados y ejecutados en el resto del mundo. Por ejemplo, en países de Europa, Asia y Estados Unidos. En América Latina, los datos son preocupantemente escasos. Hay un estudio chileno de 2018 que estimó que el 32,1 % de la población sufre de dolor crónico. En Argentina faltan estudios nacionales, sólo existen algunos reportes aislados. Por el envejecimiento poblacional, se espera que la incidencia del dolor crónico crezca y afecte la calidad de vida de muchos millones de personas en el mundo y en nuestro país.
¿Cómo se trata actualmente en el país el dolor crónico?
El manejo del dolor crónico es limitado. No existen tratamientos efectivos y muchos fármacos en desarrollo han fracasado. Se suele tratar con algunas drogas conocidas como son los analgésicos de diversos tipos, llegando a utilizar derivados de la morfina. Pero, en verdad, en los últimos 70 años, apenas tres o cuatro diferentes tipos de fármacos especialmente diseñados para tratar el dolor fueron estudiados, patentados, y usados con éxito por los sistemas de salud en el mundo. Y a falta de un mayor número de fármacos, es frecuente que los sistemas de salud prescriban drogas no tan efectivas y que además pueden conllevar a efectos adversos indeseados. Esto no es malicia, ni falta de pericia, es no tener mucho más a mano para tratar el dolor.
Para mitigar este problema, hace falta: conocer en mayor profundidad la dimensión del problema, mediante la realización de análisis epidemiológicos como el que proponemos; destinar financiación y recursos para el estudio pormenorizado de los mecanismos del dolor; y generar las condiciones necesarias para patentar nuevas moléculas, que testeadas luego en ensayos clínicos controlados, permitan su registro para su posterior uso por la comunidad médica. En este sentido, sirva como ejemplo el ingreso en el mercado de los recientemente aprobados fármacos contra la migraña, basados en sendas investigaciones en roedores y humanos a lo largo de más de 30 años de intensos esfuerzos.
¿La investigación va a tratar de dolores crónicos como la culebrilla, el dengue o la fiebre amarilla?
Sí, en el caso de la culebrilla, ya que es un dolor producido por un virus que ataca los nervios. z Las otras dos no, porque están dentro de las enfermedades infecciosas.
Quiénes son los que están más expuestos
Según lo referido en encuestas similares en otros países, el dolor crónico aumenta con la edad, lo sufren con más frecuencia las mujeres, y puede correlacionarse con situaciones de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, los muchos cambios en estilos de vida modernos, la creciente presión laboral, el estrés y diversos factores ambientales están siendo activamente estudiados para determinar cuál es su impacto relativo sobre la emergencia de dolor crónico en personas más jóvenes o consideradas tradicionalmente no-vulnerables.
¿Hay edades específicas o factores de riesgo que se tienen en cuenta al momento de medicar?
“Sí. Al momento de encarar un tratamiento hay que tener en cuenta la persona en su integridad. El problema actual, es que la mayoría de las drogas que se utilizan tiene efectos adversos y su eficacia es limitada. Más aún, la mayoría de las medicaciones que se usan para tratar el dolor crónico no han sido específicamente diseñadas para su tratamiento. Y aquellas drogas que de inicio son muy eficaces, como por ejemplo la morfina, poseen un perfil de efectos adversos extremadamente indeseable frente al consumo crónico: constipación, náuseas, sedación, adicción, entre otros”, concluyeron desde el grupo de investigadores.

