Gustavo Maddiona comparte que este presente lo encuentra en su “pico”, como en los 90. Prejuicios, pasión, la felicidad y una sentencia: “Hay que deconstruirse y volverse a construir”
miércoles 09 de abril de 2025 | 6:08hs.
Gustavo Maddiona descubrió el oficio de DJ en la niñez. Foto: Marcelo Rodríguez
El niño de fines de los 70 y principios de los 80 de pronto se vio invadido de discos y casetes y despertó su curiosidad. Entonces, en la siesta, de forma sigilosa comenzaba a repasar a distintos intérpretes y cada vez era mayor el gusto por ser selectivo, mezclar ritmos, sonidos y comenzar a improvisar. Roque captó de forma instantánea la pasión de su hijo y le compró un equipo doble casetera y allí Gustavo Maddiona se vio en su salsa: comenzó a pasar música en los asaltos en la escuela primaria y despegó; a los 15 comandaba las discotecas, pasó por todos los boliches de renombre: Power, Octavio (“la discoteca de mis sueños”, confiesa), Barcelona, Lola, hasta el impasse por los estudios.
“Hasta que después sí, me recibo y de 8 años más o menos para acá estoy mucho más activo y poniendo música en sociales también y haciendo actuaciones de escenario o por ahí también en fiestas más temáticas como ahora Disco Río, que ponemos todo house, techno, synth pop, eurodance, son estilos musicales muy muy lindos, todo con vinilo”.

Su actual profesión de abogado y docente universitario lo equilibra con las clases de karate, aunque la música es ese idilio con el cual Maddiona convivirá toda la vida. “El vinilo tiene esa esa magia, ese sonido analógico y en todo ese traspaso al digital se perdió algo que nosotros llamamos reverberancia, que es sentir en el pecho el sonido. Y no solamente, digamos, en el oído, como algo gráfico”, reflexionó.
“Hoy sí me tuve que actualizar y puse un sistema analógico y digital; pongo con computadores, con vinilo, hago las dos cosas. Por suerte pongo música todos los fines de semana”, compartió.
¿Por qué hoy se sostienen los DJ clásicos más allá de la aparición de nuevas figuras?
Creo que el DJ es el alma en la fiesta. Podés tener la mejor bebida, el mejor servicio, la mejor comida, pero si el DJ no está entendiendo a la pista o la música que la gente quiere bailar, la fiesta fracasa. El DJ es el que va a animar, sobre todo lo que hacemos nosotros, que incluye animación, no speaker que es algo mucho más hablado, vamos marcando los momentos de la noche. Entonces, uno va trabajando con los estados de ánimo que se van dando en el transcurso de la noche desde la pista. Eso es clave para que la fiesta sea un éxito, y además el DJ no va a desaparecer por más de que existan plataformas como Spotify, porque el DJ es la persona que te hace de puente entre una canción musical y la persona que lo escucha. Y en ese puente lo que hay son emociones. Sin duda que es toda una profesión.
Después hay otros DJ que eligieron otro camino que son los de música electrónica. Bueno, ellos sí están en una posición de poner lo que ellos quieren. Si les va bien, de primera y si no, van fracasando. Pero no son jinetes de la pista, sino que van imponiendo la música que ellos quieren. Nosotros sí íbamos imponiendo canciones y en mi caso tengo mi estilo y trato de de de presentar un concepto musical que tenga los mismos armónicos durante toda la noche. Hay que tener oficio para todo eso. Bueno, esa es mi pasión.
Sos de una generación que hacía las cosas por pasión, ¿notás que la generación de hoy lo que busca también lo hace por pasión?
Sí, lo hacen. Pero no con la misma pasión. Nosotros somos mucho más intensos. Y creo que las generaciones anteriores de los 70 eran más intensas aún, la misma historia te cuenta eso. Hoy se está un poco más disperso. Tal vez todavía no aprendimos a manejar toda esta tecnología que tenemos al alcance de la mano y lo que son las redes sociales y cosas así. Todo es tan fugaz y tan rápido que por ahí no se profundiza en un oficio o en una profesión o un DJ en un estilo musical o sea, ¿dónde quiere llegar? Y ya va cambiando a otra cosa. En ese sentido, sí, no digo que no lo hagan los jóvenes hoy con pasión, pero no es la misma pasión que la que teníamos nosotros.
Yo me iba todos los miércoles a Paraguay a comprarme discos que venían de Estados Unidos porque había una disquería que recibía los discos. Entonces, me tomaba un colectivo acá, la balsa, me iba a Paraguay, me compraba discos, me comía un caburé y volvía a mi casa con disquitos nuevos que el viernes ya lo podía presentar.
Después, cuando fui creciendo un poco más, empecé a poner música los jueves en lo que eran los jueves universitarios, hice muchos bautismos y elecciones reinas así del Montoya y de las universidades. Entonces, era el jueves universitario, viernes de boliche, sábado de fiesta privada o si no el boliche y el domingo todavía mantenía. Entonces, la verdad que ponía música de jueves a domingo.
¿Ahí fue tu pico en esa época?
Sí, sí, fue mi pico porque además viajaba ya. Y eso habrá sido 90 a 93. Mi pico fue ese y mi pico es ahora también. Y estoy poniendo música todos los fines de semana, en fiestas muy importantes, también estoy trabajando en distintos eventos que organiza el Ministerio de Cultura de la provincia, como por ejemplo Al caer el sol, ahora estuvimos en Iguazú, fue la primera vez que un DJ de vinilos puso música en Parque Nacional, todo con los recaudos de sonido y higiene y seguridad que tienen que tener. El año pasado también batimos un récord porque nosotros abrimos el Taragüí Rock.
¿Creías que podía venir este resurgimiento?
Sí, yo esperé a que cambie el paradigma porque por ahí consideraba que la profesión de la abogacía y sobre todo lo que tiene que ver con mi especialidad, que es el derecho laboral para empresas, era un poco incompatible con poner música. Tal vez porque antes al DJ no se lo veía no tanto desde la cuestión artística, sino más bien con la fiesta. Eso después cambió en un momento.
¿Había un prejuicio entonces?
Creo que sí que habría había como un prejuicio que después cambió; inclusive hoy sé de colegas abogados y contadores que ponen música en vinilo e inclusive hay muchos profesionales que se dedican muy bien a lo suyo y tienen bandas de rock o de pop; bueno o hasta de cumbia y es perfectamente compatible, pero creo que siempre fue compatible, pero en el prejuicio estaba la cuestión. Eso sí cambió y hoy sobre todo al DJ de vinilo sí se lo considera un artista. Y después que también hay otros matices, no solamente una fiesta y una pista.
Antes por ahí pasaba más nervios que ahora, ahora sin duda disfruto mucho más, pero bueno, esas mariposas en la panza antes de actuar te siguen apareciendo.
¿Uno todos los días se reinventa?
Creo que sí, que hay que deconstruirse y volverse a construir. Es un momento en donde no hay que quedarse y hay que ir buscando los mejores escenarios, sin perder la esencia de lo que hace cada uno. Sobre todo en la música con los estilos musicales que a uno le gusta y con lo que uno se caracteriza. Por ahí no es una profesión que da para vivir, a pesar de que hay muchos DJ que sí viven en la provincia de eso, otra cosa son los DJ de Capital Federal. En las provincias por ahí nos cuesta un poco más. Entonces sí, hay que mechar otras cosas, pero bueno, a mí eso no es que me perjudica. Yo pienso que no soy sólo una cosa, así como soy DJ, soy abogado, soy docente, hace muchos años practico karate, que es mi otra pasión.
Con el karate, ¿canalizás lo otro?
Sí, sí, es mi cable a tierra. Y ser DJ también, a mí no me estresa. A veces tengo ansiedad o un poco de nervios y antes de alguna actuación, pero una vez que está caminando el tema yo me olvido del mundo y pongo música. Y estoy con los enganches, con los efectos, mirando el iluminador, cómo está la pista, pidiendo luces, o que me apague las luces o así, o que me tire algún efecto. Ahí estoy, estoy conectado con eso y es un re cable a la tierra. Lo mismo que con el arte marcial, el arte marcial no te permite pensar en otra cosa en el momento que estás haciendo. Es un egoísmo fabuloso porque necesitás sí o sí estar conectado a eso. Requiere mucha destreza y bueno, mucha concentración. El aula también me gusta.
Y en esa ida y vuelta con los jóvenes, ¿es más desafiante?
Capaz que sí los primeros 10 minutos de la clase. Después me sale mi vocación. Y la verdad que me conecto enseguida con el auditorio y bueno, lo que pasa que también tengo mucho entrenamiento en eso, porque hace más de 20 años que soy docente.
Me ha pasado algo anecdótico, es que cuando le digo mi nombre a los alumnos, se miran y dicen, “se llama igual que el DJ.” Y yo escucho y le digo: “No, no, yo soy el DJ. Pero ahora soy tu profe”. Y me ha pasado de encontrarme en fiestas con mis alumnos. Pero no hay ni un tipo de prejuicio, porque hoy se considera más la cuestión artística del DJ, sobre todo de vinilos por sobre lo que sería la nocturnidad. Yo soy DJ, pero no soy un tipo nocturno. No me considero un tipo de la noche. Me levanto a las 6 de la mañana, todos los días, vengo a la oficina, a las 7 estoy acá. Salgo a la siesta, a la tarde doy clase, todos los días, sábado de la mañana también doy clases y bueno, y pongo música a la noche.
¿Te acordás de ese momento que dijiste, ‘la verdad que hoy me recibí de DJ’?
Termino muy conforme en todas mis fiestas. Bueno, una fiesta de jueves universitario que hubieron 6000 personas, por ejemplo. Sí, es un recuerdo que tengo patente porque la verdad que son 6000 almas ahí vibrando en los 90. Creo que la cantidad de gente es lo que más te impacta. Y después, bueno, hace muy poco tuvimos una fiesta que hacemos con otros colegas de amigos, muy amigos que son DJ que se llama Disco Río, hice un set que para mí fue exquisito poniendo todo música house, música sin pop y música techno, que a mí me gusta mucho y que la gente bailó desenfrenadamente. La verdad que la gente explotó y dije, “bueno, me gustaron mis enganches, me gustó todo lo que hice y dije, sí, sí, hoy me recibí de DJ, también, sí, sí”.
¿En algún momento de tu vida tuviste algún bajón?
Yo soy un agradecido con la vida que me tocó. Y como buen capricorniano, agacho la cabeza y le empujo para adelante. La vida no es todo color de rosas, hay altibajos, pero siempre trato de ver la parte positiva. Me tocó una familia hermosísima, tengo dos hijos hermosos, Gerónimo con 22 y Nina Rafaela que tiene 20, los dos son excelentes, estudian, trabajan, están relacionados con el arte también viven conmigo.
¿Eso te llena?
Sí, sí, eso me llena.
¿Qué te hace feliz?
Y a mí me hacen felices los vínculos afectivos y la música. Esos son mis dos pilares. Si vos me hablás de una serie de Netflix, la verdad que no tengo idea qué es lo que está ahora mirándose, porque yo tengo mi mesa de discos armada en mi casa. Practico todos los días, todos los días escucho música, miro la tele lo justo y necesario, pero después escucho música todos los días.
“Tengo varios discos favoritos. Un top tres, bueno, eh como disco conceptual me gusta 101 de Depeche Mode, un gran disco de los 90. Me gusta Piano Bar de Charly García, que trajo Cerca de la Revolución, Raros Peinados nuevos, todo eso y después me gusta el disco de Cetu Javu que se llama Southern Lands, Tierras del Sur, que es sin pop y trajo Have in mind, que bueno, es una canción que yo conseguí el disco hace poco y la estoy poniendo en todos mis sets y a la gente le encanta, así que ahí eso me da mucha satisfacción también”, repasó Maddiona.
¿Qué asignatura pendiente te queda?
Y… (alargado) en todo siempre hay para aprender. O sea, seguir aprendiendo. En mi profesión de abogado hacer un doctorado, por ejemplo, en algún momento. Es como ansias que tengo en la actividad de karate, rendir para el tercer dan. Y con la música no sé, alguna fiesta de 5000 personas, ¿por qué no? Porque mientras haya vida siempre hay momentos para aprender. Ese sería mi desafío, tratando de ser cada vez mejor persona y bueno, brindando algo para que también le sirva al otro, al prójimo.
Perfil
Gustavo Maddiona (51)DJ
Es DJ desde hace más de 30 años. Pasó música por las más importantes discos posadeñas de los 90. Actualmente se aboca más a eventos sociales y fiestas temáticas. Además es abogado especialista en derecho laboral y docente universitario.
También es 2° Dan en karate.

