
Cuatro años después de haber recibido un corazón que le salvó la vida cuando era bebé, la familia celebra el comienzo de una nueva etapa
domingo 08 de marzo de 2026 | 6:05hs.
Emma Zippan, la pequeña guerrera que se convirtió hace cuatro años en un símbolo de esperanza y superación, esta semana empezó el jardín de infantes en salita de 4 en el Instituto José Manuel Estrada. Para cualquier familia es un momento importante. Pero para sus padres, Natalia Jara y Ariel Zippan, es mucho más que eso: es la confirmación de un camino que comenzó con un diagnóstico difícil y que hoy se transforma en milagro.
Cuando Emma tenía apenas cuatro meses, los médicos detectaron una miocardiopatía dilatada severa, una enfermedad que impedía que su corazón funcionara correctamente. La beba tenía problemas para alimentarse y respirar. El cuadro era grave. Debió ser internada durante 40 días en el Hospital de Pediatría Fernando Barreyro y llegó a sufrir cuatro paros cardíacos antes de ser derivada a Buenos Aires. Allí ingresó en emergencia nacional a la espera de un trasplante.
“Después de una larga lucha llegó su corazoncito”, recordó Natalia. Emma tenía siete meses cuando finalmente apareció el donante. La cirugía duró siete horas y fue el comienzo de una nueva etapa. Sus padres no dejan de mencionar a la familia que tomó la decisión en medio del dolor. “Hoy estamos honrando a nuestro ángel donante con la vida de Emma”, dijo Natalia.
La recuperación llevó tiempo. Hubo controles, tratamientos y cuidados permanentes. Emma todavía debe tomar medicación inmunosupresora todos los días para proteger su nuevo corazón. Pero con los meses fue ganando fuerza. “Siempre le decimos que estamos cuidando su corazón. Le explicamos que tiene que tomar su medicación para que su corazón esté bien”. Aunque todavía es pequeña para comprender todo el proceso, la rutina ya forma parte de su vida.
Con el crecimiento también llegará el acompañamiento profesional. “Los pediatras nos recomendaron que más adelante pueda tener apoyo psicológico para ir entendiendo su historia”. Mientras tanto, Emma corre, juega y empieza a vivir experiencias propias de su edad.
De la ansiedad al juego
El inicio del jardín era un momento esperado. “Para nosotros esto sólo lo imaginábamos en sueños”, contó Ariel. “Hoy estamos formando parte de este milagro”.
El primer día no fue sencillo. Emma estaba retraída y le costó separarse de sus padres. Pero la adaptación llegó rápido. “Entró un poco tímida, no quería soltarnos. Después la maestra enseguida la convenció de que iba a ser un lugar divertido. Al día siguiente entró y ni siquiera se dio vuelta a mirarme”.
La familia también destacó el acompañamiento de la escuela, a la directora Ivana Cardozo, a su mae Lorena Parra y su auxiliar Valeria Díaz Leal, que conocen su historia y están al tanto de los cuidados que necesita.
“Emma puede hacer una vida normal, participar de todas las actividades, incluso de Educación Física. Sólo tenemos que cuidarla un poco más en épocas de frío”, explicó la mamá.
Para ellos, cada paso tiene un valor especial. El jardín, los juegos, los nuevos amigos. “Emmita es una luchadora. La recuperación fue larga, pero hoy verla disfrutar con otros chicos es algo muy lindo”.
Concientizar con el ejemplo
Desde que atravesaron el proceso del trasplante, Ariel y Natalia también hablan públicamente sobre la importancia de la donación de órganos. “Queremos agradecer a toda la gente que participó en este milagro: a los médicos, al hospital, a quienes rezaron por nosotros y también a personas que ni siquiera conocemos”, expresó Ariel.
El agradecimiento más profundo, dicen, es para la familia que decidió donar en uno de los momentos más difíciles. “Sabemos lo que significa estar en una situación así. Por eso siempre pedimos que la gente tenga fe y saque fuerzas de donde sea, porque vale la pena”.
Emma empezó el jardín, juega con sus compañeros y sigue creciendo, una escena cotidiana que, para su familia, tiene el valor de un milagro.

