Gionas Borboy es peruano y echó raíces en Misiones hace 20 años. Repasó su historia y el camino que lo llevó a fundar la Red Alimendar, una organización que reutiliza restos de alimentos
miércoles 04 de febrero de 2026 | 6:08hs.
Gionas Borboy llegó desde Lima, echó raíces en la capital misionera y desde hace más de diez años impulsa la Red Alimendar, una ONG que transforma el excedente de comida en una red de solidaridad para los comedores de la ciudad. foto: Joaquín Galiano
Gionas Borboy (45) encontró en Argentina, específicamente en Posadas, su lugar de pertenencia. Aquí aprendió grandes lecciones y puso en práctica otras que trajo de su Lima natal aprendidos de su madre y su abuela, dos grandes mujeres que guiaron sus pasos. Todo ello se tradujo en su espíritu trotamundos y en su activismo por el rescate de la comida, la ayuda a los comedores y a las cocineras comunitarias.
Padre de tres hijos, publicista, emprendedor, este peruano que ya tiene los zapatos teñidos de la tierra colorada, lleva adelante hace más de una década la ONG Red Alimendar -antes Plato Lleno- con la que busca no sólo redireccionar el excedente de comida de eventos o locales de la ciudad a las cocinas populares, sino generar conciencia de la profundidad de esta problemática y su impacto económico, social y ambiental.
Gracias al trabajo de su madre en la aerolínea KLM, los llevó a él y a su hermana a conocer diversos lugares del globo. En esa época sin GPS ni celulares con la posibilidad de traducir, conocer y recorrer aquellos lares era una verdadera aventura.

Recién recibido de publicista migró a los Estados Unidos de donde iba y venía por miedo a ser ilegal en una tierra que ya entonces era reacia a los inmigrantes. Allí vivió en Washington y en Florida, trabajó en McDonald’s, en construcción, refaccionando casas y en chapa y pintura de automóviles.
“Tengo amigos que se quedaron en Estados Unidos y lo vinculo con lo que está sucediendo ahora con el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), ellos votaron hasta el mismo Trump, y me digo, pero cómo sos capaz de votar a alguien así, estás bajándole el dedo a personas que hoy por hoy están atravesando la misma situación que tú y yo afrontamos. Los dos éramos ilegales en un McDonald’s trabajando, trapeábamos el piso y nos rompíamos el orto trabajando”, reflexionó en esta entrevista con El Territorio.
¿Cómo y por qué fue tu venida a la Argentina?
Justo había empezado a salir con una chica y ella era de Argentina. En esa decisión de seguir de ilegales, quedarnos o no quedarnos, decidimos venirnos porque justo se nos había dado una oportunidad laboral acá. Fue un cambiazo, porque imagináte, yo vine en el 2004 de Estados Unidos, venir directo para acá, Posadas creciendo era muy diferente a lo que es ahora. Donde estamos no existía (se refiere al barrio Itaembé Guazú, donde vive) fue un cambio, pero pero no me arrepiento porque encontré mi lugar y ya pasaron 20 veinte años.
No me veo viviendo ni en Estados Unidos ni en el mismo Perú. Decido quedarme acá porque mis redes están acá, mi familia está acá y todo lo que fui creando desde mi lugar está acá. Es una bendición tener tu propio techo como inmigrante en otro lugar, tengo a cuadras el hospital.
¿Volvés cada tanto a Perú? ¿Tu mamá sigue estando allá?
Mi viejita está, mi hermana está. La pandemia reventó en marzo del 2020 y yo fui por última vez en septiembre, octubre del 2019. Obviamente, ahora me encantaría ir, pero bueno, tengo dos hijos acá y quiero ir con ellos. El más peque, Vicente, tiene 7 años, Luna tiene 16 y la mayor que vive en Estados Unidos, tiene 22. Quiero ir con los más chicos y encontrarme con la más grande, allá, Sofía nació en Perú.
¿Tuviste alguna figura en tu niñez o adolescencia que sentís que te haya llevado por este camino del activismo?
Es algo que me lo transmitieron a mí. Mi vieja no, porque trabajaba todo el día, pero mi abuela hasta el día de hoy, post mortem, sigue recibiendo muchos premios, porque es una de las mujeres fundadoras del partido Aprista allá. Yo crecí en medio de chocolatadas, de acciones solidarias, era sí o sí pasar el fin de semana en la Casa del Pueblo, que es la sede del partido Aprista.
Crecí con eso, con ver a la vieja a venir empapada y que me cuente que estuvo en la marcha de los docentes por el aumento del salario y que pasó el camión y las mojó a todas. Hasta 104 vivió Nimia, ya uno de sus momentos finales, en el 2019 que casualmente viajó, vernos la reforzó un poquito, pero en el 2020 ella fallece, no por Covid, sino por viejita.
La parte de viajar y de ser un poco cosmopolita es de mi mamá. Mi vieja me metió mucho el tema de la lectura, del teatro, hasta el día de hoy, a veces hay obras acá en el Centro Conocimiento y lo llevó Vicente.
¿Cómo cómo arranca en tu vida este activismo, este rescate de los alimentos?
Los datos no los tenía, no tenía idea cuánta comida se tiraba, no puedo decir que nací con esto. Sí me encontré en uno de mis trabajos que se desperdiciaba mucha comida, me llamó la atención.
Creo que ahí comenzó a hacerme ruido y de repente en este boom de información que ya me agarra en Argentina, Naciones Unidas larga datos de violencia de género, racismo y sobre el desperdicio de alimentos. Hablar de 1.300 millones de toneladas de alimentos que se desperdician anualmente era muchísimo, ahora, lamentablemente, las cifras se han agravado.
La contradicción de que se desperdicia tanto y al mismo tiempo tanta gente se muere de hambre…
Algunos datos indican que en Latinoamérica se ha achicado un poco la brecha, por lo que viene haciendo Brasil y principalmente México, pero los datos que se arrojan es que son más o menos 840 millones de personas que padecen hambre en el mundo. En esa balanza que hace la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que es quien larga estos datos, es que si nosotros destináramos la cuarta parte de lo que estamos tirando, acabaríamos con el hambre.
Empiezo a informarme, y de repente me doy cuenta de que el desperdicio de alimentos tiene múltiples impactos. Obviamente, a uno se le viene a la cabeza el impacto moral, pero también son millones de dólares que se destinan para producir alimentos van a ser desperdiciados. Después tenés el impacto ambiental y nos dice la FAO que si la pérdida de desperdicio de alimento fuera a un país, sería el tercero detrás de Estados Unidos y de China en ser el principal agente en atacar nuestra capa de ozono por los gases de efecto invernadero que larga toda esa comida pudriéndose.
Ni hablar de los lugares donde nos estamos metiendo para producir alimentos que no van a ser consumidos, la cantidad de agua que se está utilizando.
Había que hacer algo con toda esa información, ¿no?
Ahí es donde arrancamos esto y le dimos mil vueltas. Fuimos el primer Plato Lleno que se desarrolló aparte de lo que es Buenos Aires, esto hace once años.
No sabíamos cómo arrancar, existían muchos miedos, pero el principal era el tema de cómo vamos a recuperar alimentos. En ese momento le toqué la puerta a una loca linda, en ese momento era la única persona que conocía en el tercer sector, era Nadia Gibaja, que accionaba el Techo. Aprendimos juntos un montón de cosas, porque, obviamente, nos valimos de la experiencia organizacional que tiene Techo, que es sarpada.
Me enamoré de ese contexto de tratar todo bajo manual, bajo procedimiento y expresarlo en una ONG, una organización, porque entendíamos que tenía que haber toda una cuestión jurídica, moral.
Teníamos un cagazo encima hasta que vimos lo que hacía el Banco de Alimentos, que es el referente mundial en esto y que venía trabajando hace un montón el tema de la recuperación y redistribución de alimentos excedentes. Hicimos el curso de manipulación de alimentos, entender bien qué es lo que es un excedente, el tema de las temperaturas, los tiempos.
Y empezamos, estuvieron cuatro meses convocando a voluntarios, conociendo gente, hablando con los medios. Con el tiempo por cuestiones ideológicas nos abrimos y generamos nuestro propio proyecto con una impronta más solidaria, más de ir al comedor. Así nace Alimendar.
¿Cómo fue hacerle entender a la gente lo que hacían?
Fuimos puliendo el mensaje para que la gente entendiera la diferencia entre sobras y excedentes. Las sobras son lo que ya consumiste, tocaste, ya manipulaste y el excedente es aquello que queda no servido y en condiciones, porque vos podés no servir y dejármelo en la olla y eso ya se echó a perder. Son alimentos que fueron excedentes, que por cuestiones estéticas, comerciales, etcétera, no fueron compartidos, no fueron distribuidos, no fueron comercializados.
El primer rescate fue en un cumpleaños de 80, lo hicimos a la madrugada. Fue lindo, porque en esa primera experiencia se rescataron 20 kilos de arroz con pollo, fueron compartidos con Iris, que en ese momento vivía en el barrio San Onofre, hoy vive en el El Porvenir II, es una de las referentes.
Fue un camino de ida, nos comenzaron a llamar de muchos eventos, hoy estamos hablando de que son más de 130.000 kilos que fueron recuperados solo en Posadas. A nivel red Alimendar a nivel país se recuperaron más de 600.000 kilos de alimentos en estos años.
Nos sentíamos orgullosos de lo que se generó, porque de repente íbamos a buscar 130 kilos de excedente de una fiesta y decíamos, está buenísimo porque compartíamos, y desde el lado hermoso que es la solidaridad, le estábamos dando alimentos a personas que no tenían.
¿Cuál es el camino que siguen los rescates?
Para nosotros es muy fácil, se rescata y tenés 40 minutos para entregar esos alimentos, sean cuales sean. Hemos recuperado lácteos y en media hora estábamos recibiendo las fotos de las personas retirando los lácteos en los comedores. Ahora tenemos pulida de la parte logística de todo esto. Nosotros no almacenamos, no guardamos los alimentos, es entregado de manera directa con comedores con los cuales ya tenemos acción. Hoy por hoy estamos hablando que estamos favoreciendo a cerca de 27 lugares en Posadas.
Pero en esta explosión logística, de rescate de alimentos y todo esto que te menciono, nos dimos cuenta que hay 120 kilos que fueron recuperados, compartidos, distribuidos de la mejor manera, pero esos 120 kilos fueron bancados por alguien. Comenzamos a entender que en ese eslabón de la cadena alimentaria había una falencia para que una persona garpara y que hubieran 20 kilos de excedente.
Comenzamos a trabajar el tema de la concientización sobre eso, sobre evitar que ocurra el desperdicio de alimentos, porque entendíamos -y que nos costó muchísimo- que habían lugares que sí no zafaban del tema de estos excedentes. Ejemplo, el Mercado Central, en el cual recién pudimos ingresar hace un año.
¿Cómo es ese laburo en el Mercado Central?
Sucedía que por cuestiones de clima, por cuestiones comerciales, por cuestiones estéticas, por ejemplo, la pera que no tenía forma de pera es descartada, o la pera que ya se te apretó un poquito no la podés vender del verdulero. Habían algunas fundaciones que pasaban, buscaban, pero no era suficiente.
Hubo un cambio de gestión, pudimos comenzar a trabajar y en nuestro primer año logramos más de 35.000 kilos de frutas y verduras compartidas. Y ahí nace otra cosa, que en este contexto que vivimos, entendíamos que las frutas y verduras que se compartían con el comedor, podían llegar a tener funciones diferentes. La primera función era ser compartido en el comedor de manera directa con el vecino, pero también podía ser una herramienta.
Ahí fue un quiebre porque cómo le vamos a motivar a un comedor que, no sé, haga salsa de tomate y que salga a vender. Y fue una guerra, porque había que convencer culturalmente a las personas que esos comedores, más allá de recibir la carne, esto y lo otro, después ellos de su bolsillo tenían que salir a gestionar el gas, la leña, la esponjita, el agua, la luz o etcétera. Entonces, sobre esta abundancia, este excedente de verduras, ellos podían hacer también una herramienta para poder autogestionarse, empoderarse.
Para nosotros fue fantástico que venga Miriam, de Manantial de Vida y me diga “pagué mi luz a causa del escabeche de berenjena que hice”. Se genera toda una economía social y solidaria que está fantástica.
¿Cada cuánto se dan estos rescates?
Nuestros rescates programados son los domingos y los jueves. Trabajamos a la noche, no es que cualquiera puede ir, hay toda una seguridad que se da para que nosotros estemos ahí. Accionamos dos o tres horas, en el último se rescataron 305 kilos, fueron cuatro comedores a buscar.
Todo se entrega directamente en el momento, nada se guarda. Y esto tiene que ver con algo que ocurre en todas las organizaciones sociales, es muy difícil hacer voluntariado o generar este tipo de acciones en estos contextos de crisis, porque el voluntario que tenía antes, quizás cinco o diez minutos para hacer algo, hoy por hoy ya no los tiene, porque tiene un primer empleo, un segundo y hasta un tercer empleo, porque cuida su combustible, cada uno está en su manijeo.
Tuvimos un tiempo en el cual me mermó mucho el tema de los rescates porque casualmente no lo podíamos desarrollar logísticamente, hasta que dijimos, bueno, pará, hay comedores que están cerca de otros comedores y que esos comedores sí tienen móvil. Hay comedores que hasta se asocian para pagar un flete e ir a buscar las frutas y verduras. O alguno tiene, le paga el combustible al otro y así se busca.
¿Estás trabajando también con tu profesión de publicista?
Sí, sí, obviamente, trabajo en varias cosas por el contexto país que estamos viviendo. Soy publicista, community, acabamos de largar un un emprendimiento también de productos dietéticos con mi pareja, hacemos asesoramiento.
Aplicando al sector privado también y haciendo entre todo ese malabareo.com, sostenible también este proyecto de Alimendar. Estamos reestructurando todo, estamos potenciando el área de captación de fondos para poder darle ese sostén y esa cuestión que nos hemos ganado durante tanto tiempo: un proyecto apartidario, transparente. Hay mucho por detrás y la gente que se va involucrando lo va entendiendo.
Tenemos una estación de servicio que nos apoya, que es muy importante para el tema de la logística, tenemos panaderías reconocidas que van donando excedentes. Se va generando eso para poder ser sostenible en el tiempo, porque si no en estos contextos es imposible. Siempre apostamos a seguir creciendo, a seguir sumando voluntades y a seguir trabajando en red, que fue lo que siempre nos ha impulsado.
¿Ven las cocineras que aumentó el número de personas que asiste en este contexto económico actual?
Sí, los insumos se han acortado y la gente está en lista de espera para poder acudir a un comedor. Entonces, ¿cómo hacer? Porque estás recibiendo menos del Estado, sea Provincia, esa Nación, no importa. Ellas, que venían de una forma y están afrontando esta nueva Argentina, cómo hacer para que alcance, cómo hacer para poder llegar a aquellas personas que realmente lo están precisando. Si hoy por hoy me preguntás cómo están las cocineras, y, realmente, con una gran incertidumbre de lo que va a pasar.
Gionas encara este nuevo año lleno de expectativas y poniendo todo de sí para la continuidad de Alimendar, un proyecto que encara con cariño y la convicción de aportar a la tierra que se convirtió en su hogar hace ya tantos años.
Perfil
Gionas Borboy
Coordinador de Red Alimendar
Publicista, peruano y papá. Cofundador y coordinador general de la Red Alimendar, desde donde impulsa proyectos vinculados a la reducción del desperdicio de alimentos y la seguridad alimentaria.
Asesor de la Red de Cocineras Comunitarias de Misiones, formo parte del Plan Nacional para la Reducción de la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos de Argentina. Embajador de Basura Cero Latam e integra el Colectivo Latinoamericano Menos PDA.
Desde la comunicación, la gestión de proyectos y el trabajo en red, articula personas, organizaciones e instituciones con foco en el impacto social y comunitario sostenible.

