
La Escuela 234 del barrio San Martín de Jardín América celebra su aniversario N°50 y un legado imborrable tejido en las memorias de quienes transitaron sus aulas a lo largo de las décadas. Ex alumnos de distintas épocas compartieron sus recuerdos, revelando una historia rica en afecto, aprendizaje y momentos que perduran en el corazón.
Para Rousmery Parras, su paso por la escuela fue sencillamente «inolvidable». Recuerda con cariño a «tanto maestro, profesores, personal de orden, limpieza y cocina», destacando la calidad humana de cada uno. «Muy bellos recuerdos y los compañeros inolvidables en el corazón siempre», expresó con emoción, mencionando orgullosamente su promoción del ’85.
Alejandra Alegre, quien recorrió la escuela desde preescolar hasta séptimo grado entre 1990 y 1997, evoca una plétora de «hermosos recuerdos» y «excelentes docentes». Nombres como «La señora Pepa» Josefina K. Se Acosta, la «mae Miriam de jardín de infantes», Graciela Senio, la «mae Mónica», Susana Gariboglio (con quien protagonizó una representación de «La vaca estudiosa»), Zulema, Norma Alicia Almeida, la profesora de música Pia Frei, la señora Julia de manualidades y las profesoras de educación física Lisi y Sandra Castillo resuenan en su memoria. «¡Feliz aniversario a mi escuela hermosa!», deseó.
Beluu Moreyra atesora un recuerdo único: ser parte de «la última tanda de la escuela vieja y también la única que nos ganamos un viaje a Tecnópolis cuando recién se había creado en Bs As». El viaje en avión y la estadía en un «hermoso hotel» quedaron grabados, al igual que «la cocina inolvidable con los pan con dulce de batata o membrillo» y «la leche calentita con gustito a humo». Hoy, la conexión con la escuela perdura a través de sus hijos: «Hoy varias de las compañeras de aquel entonces somos mamás y nuestros niños aún van a nuestra escuelita». Recuerda con cariño a «la mae Eva en primer grado con su puntero», «la mae Marta con su peine para hacerle peinados», «la mae Sandra haciéndonos transpirar siempre en educación física», la profesora de tecnología cuyo nombre no olvida que les enseñó a coser, la actual directora «mae Gabriela» y la siempre «estricta y dedicada» mae Rocío.
Jessica Romina Carmona, alumna entre 1992 y 1999, rememora las vibrantes «exposiciones de educación artística» junto a la fiesta de educación física, donde se lucían los trabajos anuales y se aprendía a «bordar y coser (tanto nenas como nenes)». Las ferias de ciencia y el comedor también forman parte de sus gratos recuerdos. Menciona con afecto a maestras como la Sra. Lidia Ayala, Dorita, Virginia Villaverde, Nancy Correa y Erica, y al profesor de educación física Eugenio Martínez. El lazo con la escuela se mantiene fuerte: «En la actualidad tengo una hija que ingresó a la escuela en el 2017 (salita de 5) y egresó en el año 2024 de 7mo y tengo otra que va a 5to grado actualmente, también ingresó desde salita de 4».
Para Antonella Flores, es imposible «olvidar esos bellos recuerdos» de maestras como Mónica, Norma, la directora Hilda, Eva, Rita, Luisa y Beti, recordando sus actos «tan hermosos», la cocinera Margarita y el portero Julio, así como el «comedor de verano» y los «momentos tan inolvidables».
Pity Benitez se remonta a los años ’80, cuando la escuela aún era «de madera y se cultivaba la huerta». Recuerda los dos porteros de diferentes épocas, Gómez e Ibáñez, y la transición a la escuela de material con su palco donde se bailaba folclore en cada acto. Los guisos de Hernán Corach, Juan Portillo, Néstor Benítez, Ramón Benítez y las hermanas Altamirano perduran en su memoria, al igual que el querido Mario Zalazar y tantos compañeros. Entre los maestros, recuerda «diferentes temperamentos» como la Sra. Selva y Vandertorpe, y los «queridos Viviano Caluba y la Srita. Bali», todos ellos «muy comprometidos con los chicos».
Aunque no fue alumna, Zulma Rosa Parras ha sido una testigo cercana de la escuela desde 1985, viviendo enfrente de la entonces Escuela 234. Disfrutó viendo a los niños «venir a educarse, aprender» sin la necesidad de ser acompañados por sus madres como hoy en día. Sus tres primeros hijos pasaron por allí, desde jardín de infantes hasta cuarto grado. Tras regresar al barrio hace diez años, continúa colaborando activamente, confeccionando vestimentas tradicionales para los actos escolares y guardapolvos para los más pequeños. «Con mucho orgullo sigo colaborando con la escuela de mi barrio», afirmó, compartiendo fotos del cierre de año 2024 donde muchos trajes pasaron por sus manos. «Imborrables momentos e inolvidables», expresó.
Patri Acosta describe a su «querida escuela» como el escenario de toda su infancia desde el año 2000. Recuerda con especial cariño a su maestra de jardín, Mirian Benítez, cuya «dulzura y vocación» la inspiraron a elegir la docencia. Evoca las «grandes maestras» de la primaria, Eva, Luisa, Dorita y Rita, y a los «chicos del barrio».
Nilcia Insaurralde rememora su «Escuelita del barrio San Martín con sus galerías cargadas de niños». Cada aula, cada maestro y los «actos realmente respetados» permanecen vivos en su memoria. Fue alumna desde jardín hasta quinto grado.
Ana Elisa Rojas atesora «bellos recuerdos de la primera etapa de la escuela», mencionando al director Hugo Barrios, al señor José Giménez, a la «señora Mami» y a muchas otras maestras, así como a los porteros Mario Aranda y Olmedo, y a la señora Teresa. La comida también es inolvidable: «merienda mate cocido» y los deliciosos platos de la cocinera (poroto, lenteja, polenta, crema, leche, chocolatada). Recuerda con cariño su época de abanderada junto a Mariela Barrios y su participación en la obra «Cenicienta» con la señora Dedi de López. Tras pasar a otra institución en la primaria, nunca olvidó las enseñanzas ni a sus maestros. El destino la llevó a realizar sus prácticas docentes en la nueva escuela en 2015 y, desde el 1 de mayo de 2024, es maestra titular en la misma escuela que la vio crecer. «Feliz y agradecida de poder formar parte del plantel docente», expresó.
Para Emma Madeilene, su «escuelita» está llena de amorosos recuerdos de «maestros ilustres» como la «Mae Graciela Senio con sus exigencias», la «Mae Pía y sus tacones», y la «Mae Norma Balanda comiendo sus galletitas Traviatas y sus labios rojos» durante las lecciones orales sorpresa. «¡Qué épocas tan hermosas!», exclamó, destacando cómo las enseñanzas de sus primeros maestros la acompañan hoy como profesora de Lengua y Literatura.
El paso de Hernán Miranda por la escuela fue «corto pero inolvidable». Atesora los momentos en el «patio con partes de tierra donde pasabas el recreo para jugar», la presencia de «maestros y directivos», y los compañeros que conoció y aún recuerda.
Marcos Rivas, egresado en 1989 de la entonces Escuela 234, recuerda a sus maestros Viviano Caluva y Zulema Franco, a la directora Erica y al portero Olmedo. Mantiene contacto con varios compañeros y guarda como tesoros fotos, su boletín de calificaciones y una «manito de papel donde decía adiós… jaja, que hermoso recuerdo», incluyendo un viaje a San Ignacio e Iguazú en el colectivo municipal blanco y rojo.
Vanesa Benitez guarda «los mejores recuerdos de toda mi primaria», especialmente la «sala de 5 inolvidable» y a «excelentes maestros» como Dorita, Zulema, Graciela, Lidia y Mónica. La comida también era un punto fuerte: «la más exquisita (creo que todos esperábamos la hora de almuerzo)».
Ingrit Hubscher, alumna del ’87 al ’92, participó de «grandes acontecimientos» en la escuela. Recuerda a sus maestras Dorita, Eva Mendoza, Clara López, Lidia Kubizen, Vali, Yuni Alvarez y Patricia Márquez, y en séptimo grado al señor Viviano y Zulema Franco, bajo la dirección de la señorita Erica Halberstad y la señora Pepa Kuspita. Los porteros Don Ramón y Don Olmedo, la profesora de manualidades Doña Julia de Guerrero y los «manjares de la cocina a Fogón» también tienen un lugar especial en su memoria. Evoca con cariño los días festivos con «chocolatada con bollos», la ensalada rusa y el pollo al horno de Don Altamirano, la «famosa Escalera» al patio de arriba con sus actuaciones, la Fiesta de Educación Física, la exposición de manualidades y el inmenso árbol «palo Borracho». Incluso recuerda cómo vivieron el Mundial del ’90, viendo los partidos en un aula y llorando la derrota junto a maestros y alumnos. «¡Ufff tantos recuerdos!», exclamó.
Carlos Samaniego, quien ingresó en 1997, describe su paso por la escuela como «una de las mejores infancias» gracias a «maestras, maestros, directoras, amigos que aún seguimos saludando y compartiendo». Se siente «muy agradecido con todos los maestros que me tocaron».
Alcira Noemi, alumna desde primer grado en 1989, llegó a la Escuela San Martín desde la colonia Naranjito. Recuerda sus siete años allí como una «gran familia» donde se sintió «mimada desde el primer día». Hoy, su orgullo es aún mayor ya que su hijo estudia en la misma institución. Egresada en 1995 y abanderada, atesora los recuerdos de sus maestras Yuny Álvarez, Norma Alicia Almeida, Fabiana Perila, Graciela Senio y Julia Paredes, de la directora Sra. Pepa y de la profesora de música Pía. También recuerda al personal de servicio Don Ibáñez y su señora. «Tantas cosas se vienen a mi cabeza, recuerdos inolvidables que transmito a mi niño que hoy estudia en la escuela», compartió.
Olga Rojas tiene una perspectiva única, ya que la Escuela 234 funcionó inicialmente en un local prestado por su tío Oscar Rojas. Recuerda a los vecinos que impulsaron su creación y al primer director, Ignacio «Chacho» Lezcano. Sus tres hijos estudiaron allí, y ella misma tuvo la alegría de recibir su título de Maestra en esa escuela.
Cristina Gonzalez, alumna entre 1994 y 1997, vivió una «linda infancia» y fue «muy feliz» en la escuela. Recuerda con cariño a los porteros (Cristina Ibáñez y su esposo, Don Olmedo y señora) entregando una fruta a cada niño a la salida y cantando la marcha de San Lorenzo hasta el portón, los «almuerzos muy sabrosos» y los «juegos inolvidables». «Gracias querida escuela que sigan lindos recuerdos de todos los que pasan por tus aulas, tus patios…», deseó.
Finalmente, Nestor Benitez, ex alumno «pionero y cuna de grandes artistas», recuerda sus inicios en el baile folclórico allí. Menciona con afecto a la señora Erica Alveschtad, la seño Vali, el señor Viviano y muchos otros maestros.
Estos testimonios, cargados de emoción y nostalgia,honran la rica historia humana que ha dado vida a la Escuela 243 de Jardín América durante muchos años más. Cada recuerdo es un ladrillo en la construcción de una identidad escolar que perdura en el tiempo y en el corazón de sus ex alumnos.

