En medio de la escalada militar, el planteo de una invasión terrestre presenta una apuesta riesgosa por la geografía, la logística y el impacto inmediato sobre la energía y el comercio
domingo 22 de marzo de 2026 | 6:02hs.
Irán cuenta con alrededor de 580 mil efectivos activos y 200 mil reservistas.
Las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca como acaban. Y después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su agresión militar contra Irán, la retórica en Washington empieza a cambiar al ver cómo el régimen iraní no se desmoronaba a las primeras de cambio tras el asesinato de su líder supremo o constatar los elevados costes que Teherán ha impuesto con su contundente respuesta, particularmente a las ricas monarquías árabes del Golfo y los mercados energéticos. El objetivo del cambio de régimen en Irán ha pasado a un segundo plano en la narrativa oficial pero, al mismo tiempo, la Casa Blanca ya no descarta el envío de tropas terrestres a Irán. Un escenario, como mínimo, temerario. No sólo por las experiencias recientes en Irak y Afganistán, sino por la propia geografía iraní que, a ojos de los expertos, hacen del país una fortaleza casi inexpugnable.

Irán es cuatro veces más grande que Irak, con una población de 88 millones de personas. Pero más allá de su vasta extensión, es su geografía la que ha protegido históricamente al país de las invasiones extranjeras. Contadas y no demasiado duraderas, aunque algunas con consecuencias indelebles, como la conquista árabe-islámica del siglo VII. Imponentes cordilleras montañosas transcurren en paralelo a muchas de sus fronteras, mientras desiertos inhóspitos y despoblados ocupan buena parte de su interior, flanqueados por serranías algo más bajas. En su salida septentrional al golfo Pérsico predominan los humedales y los valles inundables. “Eso significa que si uno quiere invadir y ocupar Irán, tendrá que luchar en terrenos pantanosos, montañas y desiertos o hacer un desembarco anfibio para enfrentarse después a lo mismo”, escribe el británico Tim Marshall en ‘El poder de la geografía’. “En su conjunto, este terreno es un obstáculo formidable”.

De momento no hay ninguna evidencia de que el Pentágono haya trasladado a la región divisiones mecanizadas, fuerzas expedicionarias de la infantería o batallones aerotransportados, la clase de fuerzas que se requerirían para una invasión terrestre. La ofensiva se libra hasta ahora desde el aire y desde el mar, pero tanto el secretario de Defensa, Pete Hegseth, como Donald Trump abrieron la puerta a un posible despliegue de tropas terrestres. “A mí no me tiembla el pulso cuando se trata de tropas sobre el terreno. Todos los presidentes dicen ‘no habrá tropas sobre el terreno’. Yo no”, dijo Trump en una entrevista a The New York Post.

Eso no significa que Washington vaya a mandar a los 500.000 soldados que como mínimo se necesitarían para invadir Irán y ocupar el país, según concluyó en 2009 un estudio de la Corporación Rand citado con frecuencia. Podría limitarse al envío de fuerzas especiales, un herramienta casi indispensable si quiere destruir los arsenales de misiles iraníes y sus centros de producción, uno de los objetivos fijados por la Casa Blanca. Muchas de esas capacidades están escondidas en silos subterráneos. “Lograr estos objetivos sin tropas sobre el terreno es en estos momentos pura fantasía”, le ha dicho a The Independent el veterano de la guerra de Irak, Naveed Shah.
Los riesgos
Topográficamente Irán es mucho más complicado para cualquier ejército que su vecina Irak, donde predominan los valles fluviales y los desiertos planos. El norte del país, donde se encuentra la capital, está protegido por la cordillera de Elburz, que se extiende a lo largo de 600 kilómetros como una muralla desde las fronteras de Turquía y Azerbaiyán en el noroeste hasta el mar Caspio con alturas superiores a los 3.000 metros.
Tan complicado o más es el oeste del país, de donde presumiblemente partiría una invasión estadounidense por su cercanía a Irak, Kuwait y el golfo Pérsico. Desde las regiones kurdas del noroeste hasta el estrecho de Ormuz, toda esa frontera está protegida por los Zagros, una cordillera de más de 1.500 kilómetros de longitud y picos de hasta 4.400 metros de altura.
“Sus pasos montañosos son estrechos y fácilmente defendibles”, sostiene en un análisis el Iran War Updates. El único eje viable para grandes formaciones blindadas desde Irak a Irán atraviesa las llanuras de Juzestán, “un estrecho corredor que rápidamente se eleva hacia las estribaciones de los Montes Zagros, canalizando a los atacantes por rutas previsibles donde los defensores pueden concentrar su potencia de fuego”.
Esa es la ruta que utilizó Sadam Hussein para invadir Irán en 1980, aunque sus tropas sólo avanzaron unas decenas de kilómetros en territorio iraní y nunca llegaron a ocupar más del 2% del país. Menos verosímil es que pueda intentarlo desde el este. Ni desde Afganistán, donde gobiernan los talibanes, ni desde Pakistán, que ha condenado el asesinato del líder supremo Alí Jameneí y observa con recelos el acercamiento de Washington a la India.
Todos esto sugiere que será difícil que EE.UU. pueda conseguir los objetivos que se ha marcado en su campaña militar. Desde el cambio de régimen hasta la completa destrucción del arsenal de misiles iraníes o de sus instalaciones nucleares, de momento civiles. Trump cuenta con que los iraníes se levantarán contra su gobierno teocrático a medida que sus estructuras se vayan erosionando y es de presumir que, entre tanto, trate de cooptar a algunas de las minorías del país —algunas de ellas secesionistas— para que se sumen a un potencial levantamiento.
Apuesta con riesgos y alto costo
- En medio de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, vuelve una pregunta recurrente. Qué tan viable sería un escenario de invasión terrestre. La respuesta, en términos operativos y económicos, es que sería una apuesta de alto costo y alto riesgo por la geografía, la logística y el impacto inmediato sobre energía y comercio.
- Irán tiene una ubicación estratégica en Asia Occidental y comparte fronteras terrestres con siete países. Eso amplía variables regionales y complica la planificación de cualquier operación sostenida.
- El problema no es sólo “entrar”. Es mantener abastecimiento, mover equipos y sostener líneas de suministro en un territorio con grandes distancias y barreras naturales. Este punto suele ser determinante en campañas terrestres prolongadas. Esto es análisis operativo, no cifra.
- Más allá del frente militar, el principal canal de riesgo global es energético. Reuters describe el Estrecho de Ormuz como ruta crítica para alrededor del 20% del petróleo mundial, y la EIA ha documentado que en 2024 el flujo promedio fue de alrededor de 20 millones de barriles diarios y que el estrecho funciona como un “chokepoint” clave. En un escenario de escalada, el shock sería precios, seguros marítimos, fletes y tiempos de entrega.
- Un conflicto que pase de ataques puntuales a control territorial aumenta la probabilidad de respuestas regionales, presión sobre bases y rutas, y disrupción de aviación comercial. Hoy ya hay señales de disrupción logística y nerviosismo de mercado en coberturas internacionales.
Posible éxito terrestre y sus beneficios
Un ataque terrestre a gran escala supondría una escalada mucho mayor que la de Irak, Afganistán o Ucrania. ¿Qué motivos podrían empujar a Washington y Tel Aviv a tomar una decisión así? Desde el punto de vista de Trump y el líder israelí, Benjamín Netanyahu, una invasión exitosa proporcionaría control directo sobre el terreno (especialmente en el Estrecho de Ormuz, que Irán ha cerrado y por donde transita el 20% del petróleo mundial). Permitiría neutralizar objetivos estratégicos como instalaciones nucleares, bases militares y sistemas de misiles, y debilitaría las capacidades logísticas y el liderazgo político del régimen iraní para incentivar revueltas internas, que ya no serían percibidas como acciones caídas en sacos rotos que solo han traído muerte y represión.
Noticia Relacionada

