Más de 70 voluntarios llegaron desde Buenos Aires para acompañar con asistencia y capacitación a comunidades de San Pedro, Pozo Azul y Campo Grande
domingo 11 de enero de 2026 | 6:05hs.
El objetivo central del viaje es levantar una biblioteca en una comunidad de Campo Grande. Fotos: Carina Martínez
Donde el camino se pinta de rojo, el verde de la selva vibra y el aire se colma del canto de cientos de pájaros, puede no parecer un recorrido turístico convencional. Es la continuidad de un compromiso que ya lleva más de diez años. Una vez más, un nutrido grupo de voluntarios de la biblioteca Palabras del Alma, de Pilar, Buenos Aires, decidió que sus vacaciones sean monte misionero adentro, junto a las comunidades aborígenes, donde crean escuelas, capacitan y generan vínculos para toda la vida.
Este año son más de 70 los voluntarios que llegaron para reivindicar los propósitos de solidaridad, capacitación y ese reencuentro místico con la cultura guaraní que los espera cada año en San Pedro, Pozo Azul y, en esta ocasión, también en Campo Grande. Para este grupo, ayudar va mucho más allá de entregar donaciones. La premisa fundamental es la gestión y la construcción de espacios educativos dentro de las comunidades, a fin de que niños y jóvenes accedan a la alfabetización sin perder su identidad, su lengua y sus costumbres.

En esta oportunidad, Hernán Nemi, referente de la biblioteca, compartió con El Territorio el plan de acción de este viaje de enero 2026 que combina logística y emoción. “Estamos desde el lunes pasado en San Pedro, alojándonos en la EFA y visitando distintas comunidades de San Pedro y de Pozo Azul”. A diferencia de lo realizado en viajes anteriores, los talleres de capacitación abiertos a todas las comunidades mbya guaraní de la provincia se dictarán en la sede de la Unam en San Vicente.
Para concretar el cronograma se dividen en grupo de unas 30 personas, y de esta manera se trasladan desde el lugar de alojamiento a los distintos puntos. Así como algunos no pudieron resistir a la majestuosa caída de agua de las Cataratas de Iguazú, un grupo tendrá la oportunidad única de compartir una noche en junto a la comunidad Arandú Mirí de Pozo Azul, donde podrán palpar muy de cerca la realidad de los núcleos, conocer y disfrutar de saberes, costumbres y rituales que hacen tan rica y especial la cultura guaraní.
La misión de este viaje
Cómo lo hacen en cada viaje, la meta puntual será la construcción de una nueva biblioteca en la comunidad de Ka’a Poty de Campo Grande. Un espacio que nace de la necesidad de contar con un establecimiento educativo accesible ya que allí, la escuela queda demasiado lejos para los más pequeños. “Nos pidieron que hiciéramos esta construcción y, gracias al apoyo económico de mucha gente amiga y a actividades que organizamos en nuestra sede, juntamos el dinero. A partir del jueves de la semana que viene vamos a estar encargándonos de esa construcción, con el objetivo de que sirva como aula satélite”, detalló Nemi con la satisfacción del objetivo cumplido.
Por su otra parte, con preocupación el grupo de voluntarios hizo referencia a la realidad de las familias originarias que no son ajenas al complejo contexto económico. En ese sentido el pedido de asistencia por alimentos se incrementó, teniendo en cuenta que desde Palabras del Alma mensualmente asisten con kits de alimentos a quince comunidades en Misiones. “La situación económica se percibe, son más las que nos piden ayuda, y también aborígenes de manera particular nos piden ayuda para comprar medicamentos, hacer algún traslado o compra de pasajes. La situación empeoró en los últimos meses”, afirmó el referente.
El esfuerzo y compromiso de los voluntarios supera los grandes retos selva adentro. Desafían distancias, caminos de tierra que se vuelven intransitables con la lluvia y el aislamiento geográfico de las comunidades mbya. Sin embargo, lo viven como una recompensa. Se dejan encantar por la fauna, la flora y la tierra colorada que se impregna en la piel tanto como el cariño de quienes los reciben.
Para ellos, no se trata sólo de una misión solidaria; es una experiencia de vida. “El grupo disfrutó mucho de San Pedro, del encuentro con los guaraníes”, expresó Nemi. Y es que el paisaje misionero se complementa de forma perfecta con la ternura de las familias. Los niños no solo reciben libros, materiales comparten actividades, muchas de ellas enfocadas en fomentar la lectura y el arte, el contacto con los libros; reciben a los voluntarios con el corazón abierto donde nace un vínculo que la distancia no puede romper y los mueve a volver.

