Además de hablar de sus creaciones en madera que obtiene en su propio terreno, brinda su mirada sobre el trayecto personal y el valor de animarse. “Todos estamos procurando cómo servir al sistema y no procurando hacer lo que nos gusta”
miércoles 23 de julio de 2025 | 6:08hs.
Calles de tierra, angostas, polvareda, niños que juegan a la pelota, andan en bicicleta, se concentran. Vecinos que cortan la siesta, observan, responden. Y una vez que El Territorio pisa la casa del protagonista parece que es como irse a cientos de kilómetros de la ciudad, hay un recorrido hacia la quietud que genera una sensación de estar suspendidos.
El barrio capitalino El Porvenir ofrece de testigo para que Marcelo Ferreira, el anfitrión, comparta sus reflexiones, abra la puerta de su taller, su casa y sea el que comande la hoja de ruta de su patio, adornado con ciento de ejemplares de flora, todo en coincidencia con la muestra que realiza hasta fin de mes, aunque planea extenderla.

Foto: Marcos Isaac
Maestro de los trabajos con madera, bromea porque en julio su casa parece “normal” y aclara: “Nos re-preparamos para julio, la casa impecable, el taller también”, y prosigue: “Veníamos flojos en ventas desde la pandemia, pero de a poco estamos remontando, se acercan, gente que por ahí no conoce el espacio tiene la oportunidad”.
Subrayó que “cuando uno toma conciencia ya no podés comprar madera, fijate: mi primera herramienta fue una motosierra, no para tumbar árboles sino para juntar madera en la calle”.

En un sector, una camioneta inmóvil ve pasar los años, “ya está –dice Marcelo-, son cosas materiales. Mientras uno tenga salud, la verdad que me fue bastante bien, tuve muchos móviles. El destino fue muy generoso conmigo”.
Y ahora que superaste la barrera de los 50, ¿en qué momento de tu vida estás?
Me di cuenta, hace muchos años ya, de que la vida es un juego de ajedrez. No necesitás andar dando saltos como loco, tenés que hacer movimientos justos, precisos, aprovechar la sabiduría y la experiencia. Yo estudié mucho a pesar de que no tengo títulos, de la naturaleza, los árboles, los encastres, muchas cosas relacionadas con la madera, los árboles. Me fabriqué una carrera, y hoy por hoy no hace falta que salga a buscar madera, la tengo en mi patio. Dios me bendijo de una manera tan linda, fue sin querer todo esto, porque no es que planté para sacar árboles.
Y hoy, ¿por qué sentís satisfacción?
Me doy el lujo de exponer acá. Porque en mi última muestra fue en 2017, no fue me fue bien. Para qué hablar mal del Estado, pero siempre son puestos políticos, no es gente que va y lucha por el artesano. Es más, el artesano es una mala palabra, nadie hace hincapié en lo que es un arte-sano, en la forma de vida, en lo que uno se esmera en hacer todo esto. Al contrario, hacen una feria y quieren llenarla para que quede un lindo nombramiento figurativo. En las últimas veces me costó mucho trasladarme, vender y me di cuenta que el verdadero interesado se acerca hasta acá de lo puedo mostrar en un espacio cuadrado de 3 por 3. El que se acerca acá puede ver con otros ojos.
Pusiste el foco en el concepto de artesano, ¿siempre se lo observó con algún prejuicio o no siempre se le dio el valor?
Viene con historia, porque artesano fue el papá de Jesús. Humilde, trabajador, que vivía con sus manos. Un arte-sano. Hoy por hoy se lo confunde con los buscas, como decimos entre los artesanos que nos conocemos, que luchamos por una trayectoria de vida. Y bueno, ahí entra una confusión de la gente y de la feria misma, que se mezcla todo. Y entramos todos en la misma bolsa, bueno acá es donde puedo diferenciar bien entre un artesano y una feria convencional. Fui a encuentros lindos, como el de maestros a nivel nacional, yo era uno más del montón, pero se cobraba la entrada. Todo eso hizo que me aleje de las ferias, siempre hay artesanos nuevos hasta que mayormente se busca otra forma de vida la gente, con la artesanía es así.
Ferreira recordó cuando participó hace más de una década de ‘El arte de vivir del arte’, un encuentro de literatura del Mercosur, “en Hernandarias, cerca de Itaipú. Primero me pareció hermoso, después investigué y me llamaba la atención por qué a mí, que no tengo que ver con la literatura, me dijeron ‘sabés qué, Marcelo, no encontramos gente que viva del arte’. Fijate qué dato loco. Vivir del arte había sido era más difícil (risas). A mí no me costó, una vez que encontré esto. Pasa que la gente no se anima, es difícil, yo me cagué de hambre, por así decirlo, hasta que me conozcan y lograr un reconocimiento. Hasta darme cuenta que haciendo lo que yo quiero y le guste a la gente”.
Subrayó que “lo más importante en la vida no es tener un título o conseguir un trabajo en el Estado, es un error. ¿Por qué? Porque después estás toda tu vida haciendo algo que no te gusta con un buen sueldo y sos infeliz. Sin embargo, la verdadera búsqueda está en encontrar lo que te gusta, el resto es pavada. Si comés o no comés no importa, hacés lo que te gusta, qué importa el resto. ¿Qué es más importante que eso?”.
¿Hoy se impone eso?
Todavía. Cuando fui a hablar en ese debate, hace como quince años, una de las cosas que ataqué fue al sistema. Todos estamos procurando cómo servir al sistema y no procurando cómo ser felices o hacer lo que nos gusta. Hay una gran diferencia, ¿y dónde empieza todo?: en la educación. A qué te enseñan: ‘Yo quiero ser bailarín’. No, conseguite un trabajo… entonces de ahí te empiezan a machacar, de la escuela. Y los docentes se enojaron, pero no es culpa de ellos, es del sistema.
Atado a eso, ¿si no le metés pasión a lo que hacés no sirve?
Y no tiene gracia. No podés estar en el medio, o sos bueno o sos malo. No podés estar bien con todo el mundo. No podés decir ‘predico no robar y después salgo a afanar escondido’. Cuando te gusta algo sí o sí te apasiona. Pero llega un punto que podés decir: ‘No me gusta’. Es normal, si somos seres curiosos, intrépidos, es normal. Si sos curioso, buscás algo y encontrás hasta que te guste. Ojo, como todo el mundo me aburro. Por eso tengo muchos cuadros, talla, esculturas, muebles, planto algo… no es que soy un artesano y hago fuentes.
Eso deberían hacer las personas, ¿reinventarse todos los días?
Claro, uno tiene que estar despierto y vivo. Todos los días uno tiene que estar despierto y agradecer y crear algo nuevo.
¿En algún momento sentiste que no lograbas la felicidad?
Ese es otro tema, la felicidad es un momento. Puede haber varios momentos, terminar una pieza, plantar un árbol, leer un libro. Eso de que ‘voy a trabajar, me voy a jubilar, voy a viajar y ser feliz’. Y cuando te diste cuenta, no podés caminar (risas). ¿Y dónde está la felicidad? Pero le pasa a la mayoría.
¿Qué cambios notaste en la sociedad desde que arrancaste hace 30 años a estos tiempos?
Todo eso está relacionado con el modernismo. Cuando vine acá hice un viaje al pasado sin regreso, era todo tracción a sangre, no había motos, autos, celulares, era fantástico, gente muy pura. No estaba esa maldad implícita.
¿Hay que recuperar ese ser de la gente pura?
Sería lo ideal, pasa que estamos preocupados por servir al sistema que nos olvidamos de vivir. Cuando estamos presos del sistema no tenés tiempo.
¿Qué te regaló la vida?
Me regaló lo que valoro tanto, haber encontrado lo que me gusta tanto como forma de vida, eso es lo más preciado. Y después la familia. Esa es la síntesis por ahí. Pero es como te digo, cuando uno encuentra lo que te gusta, todo viene acompañando, porque uno tiene otra actitud ante la vida. Como dice Fito (NdeR: el músico Fito Páez): Qué cara pongas es el mensaje que recibe la gente. Es todo actitud.
¿Qué es lo que te llena hoy?
Hoy por hoy, estar en un espacio donde uno va viendo crecer los árboles, cosechando… La verdad tenemos (en el lugar donde vive) veintipico de frutales, siempre hay frutas y la cantidad de yuyos que es la medicina. Una cosa es escuchar y otra tomar conciencia. La conciencia te permite y no te permite. Así, con todo. Todos estos seres nefastos son así porque no tienen conciencia.
Hay mucha crispación social y que quienes toman decisiones sientan empatía, ¿cuál es tu mirada?
Está demasiado fuerte el egoísmo, se apoderó de la gente. Un debate hasta hace poco era si cobra o no cobra un plan. Y (aquellos que criticaban) no se preocupaban por su vida, dejale al pobre que agarre dos manguitos que no le sirve para nada. Yo vivo en una zona marginal, que cuando vine era más marginal. Vi la gente descalza, arrastrándose con los mocos y después con los planes, es cierto: se compraron celulares, se tomaron un vinito. Pero siempre tomaron vino, con o sin plan. Ahora, los pibes no andan más descalzos, andan todos abrigaditos, con bicicletas, juguetes, dejale al pobre que tenga algo, fíjate tu vida. Entonces votaron todos al que iba a sacar el plan porque ‘cómo van a cobrar todos estos’. Yo no tengo plan, pero defiendo… peor que los planes son los ñoquis, los que tienen sobresueldos. Y nadie dice nada, ese es el verdadero problema de nuestra economía.
¿Hasta cuando creés que vas a seguir con tu pasión?
Y hasta que me acompañe Diosito. Creo que voy a morir trabajando con la madera, el cuerpo por ahí no está nuevo, pero el aprendizaje que un tuvo, debe trabajar más. Cuando uno es joven sólo querés trabajar. Y con los años te das cuenta que es el pedo, como decía Minguito, ‘te cansás de laburar, qué ganás’. Hay tiempo para todo, me preocupo menos (risas).
Perfil
Marcelo Ferreira (54)
Artesano
Después de buscar una formación universitaria descubrió en los trabajos con madera su pasión hace más de 30 años. Se crio en barrio Tajamar y desde hace 20 vive en El Porvenir. En su casa tiene más de 100 especies de árboles. Todos los años hace una muestra en julio, en la que expone sus trabajos y las especies de la flora.

