
El estudiante y abanderado halló en el dibujo una forma de expresión. Con el apoyo de familiares y amigos lanzó agendas con ilustraciones propias que hoy acompañan el inicio del año.
lunes 19 de enero de 2026 | 13:20hs.
Con 17 años, Mateo Lucas cursa quinto año en el Instituto Cristiano República Argentina (Icra), es abanderado y combina la vida escolar con el gimnasio, el tenis; y un emprendimiento propio que nació a partir de su vínculo con el arte y de una forma particular de mirar el mundo. Mateo tiene asperger, una condición que él mismo se encarga de resignificar: “aunque parezca una especie de deterioro o enfermedad, yo no lo pienso así. Para mí no significa que soy algo inferior, sino distinto”, explicó.
Esa diferencia fue el punto de partida de La cabina del artista, el nombre que eligió para su proyecto de agendas y cuadernos ilustrados con dibujos propios. “Me gustó expresar ese toque distintivo que me gustaba darle a las cosas, plasmando dibujos”, contó. Cada producto tiene como principal atractivo ilustraciones originales realizadas por él, que funcionan como una marca personal y creativa.
El emprendimiento no surgió por una urgencia económica, sino por motivación. “Fue algo más experimental, no surgió tanto por necesidad, sino por las ganas de querer hacer algo”, señaló Mateo. Antes de llegar a las agendas, sus dibujos tuvieron un primer recorrido público en una exposición artística realizada en un museo. “Originalmente presenté estos dibujos en una convención de arte, eran paisajes hechos en acrílico. Después decidí usarlos para ponerlos en estas agendas”, relató.
En una época del año en la que organizarse se vuelve clave, las agendas de Mateo se presentan como una herramienta práctica, pero también como un espacio donde el arte acompaña la planificación cotidiana. Para él, el emprendimiento es mucho más que un producto: “es un buen lugar donde puedo expresar mi gusto por el arte y también mi deseo de crear algo diferente, algo que tenga mi marca”.
Desde su experiencia, busca transmitir un mensaje a otros jóvenes que quieran animarse a emprender. “Comenzar un emprendimiento no es tan difícil como parece. Depende de muchos factores, pero sobre todo de con qué necesidad lo hacés”, reflexionó, y agregó que la motivación es fundamental cuando el proyecto nace de algo que realmente gusta: “a la larga puede ser algo muy bueno y un lugar donde darle valor”.
Mateo también se dirigió especialmente a quienes tienen la misma condición que él. Reconoció que a veces cuesta sostener la motivación, pero destacó la importancia de cambiar el foco. “Cuando más nos enfocamos en lo que queremos hacer, es más fácil seguir”, afirmó. Y concluyó con una mirada amplia sobre la diversidad: “como cualquier otro ser humano, los que tenemos asperger tenemos virtudes y desventajas. Lo importante es centrarse en las cualidades, porque al final son nuestros valores como personas, y eso no siempre lo determina una condición”.
El acompañamiento familiar fue clave para que el proyecto avance. Mateo agradeció a sus padres, a su hermana (quien lo ayuda con las redes sociales) y a su socio Raúl. “Gracias a él puedo hacer este emprendimiento”, destacó. Con estudio, arte y organización, Mateo demostró que planificar el año también puede ser una forma de expresar identidad y transformar una diferencia en fortaleza.

