El padre Daniel Pesce, del Hogar de Cristo Casita San Miguel en Posadas, se refirió al legado del papa Francisco, su impacto en la Iglesia y en los más vulnerables, y el desafío de mantener viva su obra en un mundo que sigue necesitando puentes.
martes 22 de abril de 2025 | 6:05hs.
El padre Daniel Pesce, del Hogar de Cristo Casita San Miguel en Posadas, se refirió al legado del papa Francisco, su impacto en la Iglesia y en los más vulnerables, y el desafío de mantener viva su obra en un mundo que sigue necesitando puentes.
A más de una década de haber iniciado su pontificado, y en medio de nuevas etapas para la Iglesia Católica, la figura del papa Francisco sigue provocando reflexiones profundas y desafíos pastorales. Su vida, su mensaje y su estilo de conducción marcaron un antes y un después, no sólo dentro de los muros del Vaticano, sino también en los márgenes del mundo, donde los olvidados, los heridos y los últimos encuentran pocas veces un lugar.
En diálogo con este medio, el padre Pesce compartió su mirada sobre el rol de Francisco y cómo su testimonio continúa interpelando a la Iglesia desde sus bases. En su voz se entrelazan el reconocimiento, la gratitud y una fuerte convicción: el camino que abrió Francisco debe continuar, no como una repetición mecánica, sino como una renovación viva del Evangelio entre los más pobres.
“La primera frase que me marcó fue aquella con la que inició su pontificado: ‘Sueño una Iglesia pobre y para los pobres’. Esa frase me atravesó el corazón”, dijo Pesce, y recordó que su propio trabajo pastoral en los márgenes está ligado directamente al entonces cardenal Bergoglio, quien acompañó la creación del Hogar de Cristo en Buenos Aires.
Desde entonces, esa visión pastoral se expandió por todo el país, y también más allá.
“El papa siempre fue coherente con su vida. Cercano a los rotos, a los postergados, a los que la sociedad descarta. Y eso, para muchos, fue una incomodidad”, explicó el sacerdote misionero. Francisco, afirmó, vino a despertar conciencias, a volver a poner a los últimos en el centro, tanto en la Iglesia como en el mundo.
Puentes en un mundo de muros
Pesce remarca también el carácter político del papado de Francisco, entendido no como partidismo, sino como una toma de posición ética.
“En un mundo polarizado, donde se construyen muros y se alzan fronteras, Francisco eligió construir puentes”, señaló. Y citó los múltiples viajes del papa a territorios golpeados por la guerra, el hambre o la migración forzada, donde siempre se puso del lado de los más vulnerables.
“No fue neutral y por eso incomodó. Cuando uno se posiciona, no le cae bien a todos. Pero hay que elegir: ¿a quién querés incomodar? Francisco eligió estar del lado de los que no tienen voz”, reflexionó Pesce.
Una voz a veces incomprendida
El sacerdote no esquivó el análisis más autocrítico sobre la recepción que tuvo Francisco en su propio país. “En Argentina fuimos injustos con él. Lo quisimos bajar a la arena de nuestras propias peleas, meterlo en la grieta. Pero el Papa nos supera. No fue un líder para un sector, fue un líder universal”, remarcó.
También señaló que, dentro de la misma Iglesia, hubo sectores que no lograron comprender la profundidad del mensaje de Francisco.
“Muchos conservadores no lo entendieron. Pero Francisco no vino a cambiar el dogma, vino a ayudarnos a vivir el Evangelio. A recordarnos que la Iglesia no es una aduana que decide quién entra y quién no, sino un hospital de campaña que recibe a todos y sale al encuentro de los heridos”.
La esperanza de continuidad
Consultado sobre el futuro y los posibles rumbos que tome la Iglesia tras Francisco, Pesce se mostró esperanzado, aunque realista. “No siento incertidumbre, siento esperanza. Creo que Dios siempre nos da el papa que necesitamos. Hoy nos toca a nosotros ser un poco Francisco: asumir su legado, vivirlo en nuestra comunidad, con humildad, con cercanía”.
Para el cura del Hogar de Cristo, lo esencial es que el mensaje de Francisco no quede encapsulado en su figura, sino que se vuelva carne en las comunidades. “Él decía que la fe se juega en la calle, en la vida, en el barro. Bueno, ahí es donde hay que estar. En el Hogar de Cristo lo vemos todos los días: jóvenes con adicciones, familias rotas, chicos sin oportunidades. Y ahí, el mensaje de Francisco nos da fuerza para seguir”.
Un legado vivo
Lejos de ser un balance cerrado, las palabras del padre Pesce invitan a pensar el legado de Francisco como algo inacabado. Un legado que no se reduce a sus encíclicas, ni a sus discursos, sino que se encarna en cada gesto de misericordia, en cada abrazo al que sufre, en cada comunidad que decide abrir las puertas y salir al encuentro.
“Francisco no vino a juzgar ni a condenar. Vino a abrazar. Y eso, para los que estamos cerca del dolor humano, no se olvida”, concluyó Pesce.

